Hasta hace no mucho tiempo, la forma en que manteníamos vivas nuestras tradiciones dependía de los álbumes familiares que sacábamos del armario cada noviembre, las anécdotas de sobremesa o los programas especiales en la televisión . Hoy las plataformas digitales han cambiado esa dinámica, permitiéndonos no solo asomarnos a cómo se celebran las costumbres en cualquier rincón del mundo, sino participar activamente en su reinterpretación. En las últimas semanas, sin embargo, hemos empezado a notar algo todavía más revelador: la tecnología ya no solo documenta nuestras fiestas, sino que se ha convertido en una herramienta íntima para procesar el recuerdo y la memoria colectiva .
Frente al escepticismo que suele acompañar a las herramientas de inteligencia artificial generativa, los hábitos de las personas revelan una historia muy distinta. En un reciente reporte de Creatividad e IA, encontramos que la adopción de estas tecnologías en México está impulsada principalmente por motivos de identidad y expresión personal. El 90 por ciento de las personas mexicanas encuestadas que publicaron videos en el último año ya utiliza alguna herramienta de inteligencia artificial en sus procesos, y un 70 por ciento afirma tener interés en emplearla para colocarse dentro de sus propias historias.
El Día de Muertos en México nos da una muestra muy clara de este fenómeno. Esta temporada, que la UNESCO reconoce como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, ha encontrado en las pantallas una nueva dimensión afectiva. Entre las tendencias más comentadas del otoño destaca una muy particular: creadores y usuarios que recurren al video generativo para revivir el pasado, dando movimiento a fotografías antiguas de abuelos, padres o mascotas que ya fallecieron, mostrándolos cruzar de manera simbólica hacia el altar familiar. En mensajes tan espontáneos como “ya casi nos vienes a visitar”, la tecnología adquiere una función de duelo digital y homenaje cotidiano, sumándose a elementos tradicionales como el papel picado o las flores de cempasúchil para acercar a las familias con sus ausencias.
Esta convivencia entre tradición e innovación también se contagia. En el mismo estudio, 7 de cada 10 personas en México mencionó sentirse inspirada a probar nuevas herramientas después de ver lo que otros hacen con ellas. Y esto no se limita a la inteligencia artificial. Creadores como Caín Guzmán, quien comparte historias y propuestas de caracterización, o canales como Fue Tete y Fito Calderón, que explican paso a paso cómo montar una ofrenda tradicional y el significado detrás de cada elemento, demuestran cómo la tecnología ayuda a que las nuevas generaciones redescubran sus raíces y se apropien de ellas con frescura.
Conforme las posibilidades visuales de alta fidelidad se vuelven accesibles para cualquiera con un teléfono o una computadora, el peso del proceso creativo deja de recaer en la complejidad del software y pasa a la sensibilidad de quien lo maneja. Es lo que vemos como una era de dirección, en la que las audiencias conectan con el gusto, la mirada curatorial y el punto de vista honesto de los creadores. El valor de estas herramientas de creación radica precisamente en su capacidad para profundizar los lazos entre personas que comparten pasiones, recuerdos y preguntas comunes.
Al final del día, las nuevas tecnologías no buscan cambiar el sentido de nuestras celebraciones. Su verdadero impacto está en recordarnos las razones por las que seguimos recordando. Cada otoño, el Día de Muertos nos demuestra que la cultura no se construye únicamente a partir de lo que recibimos como herencia, sino de lo que decidimos cuidar, transformar y mantener vivo con las herramientas que tenemos a la mano.