¿Llegará la justicia a sentarse con nosotras? Guardar silencio de los primeros jalones, justificar los celos, aceptar comentarios de la ropa que debes usar, como reír, a quién hablarle, indicios de violencia ignorada. Y en las puertas cerradas de un porcentaje muy alto, del santo hogar mexicano, una hiena asecha, con sus filosos colmillos a inocentes.
No hay que decir nada porque seremos juzgadas, el daño familiar, la ruptura, agregue lo que desee, póngale limón a la herida. Y si la chica aparece muerta, el calvario, la búsqueda, los miles de expedientes sin resolver, sin moverse. Sin embargo, siempre hay una voz que te acompaña, como la de Cristina Rivera Garza que, con valentía, cautelosa y firme expone ese territorio de abusos.
Lo dice en una conferencia magistral, en la catedra Nelson Mandela de la UNAM. Habla de la impunidad, que te roza la piel, y al mismo tiempo va explicando, las vivencias que enfrentó al escribir El invencible verano de Liliana.
Paralelamente diserta sobre, la venganza, la maldición. Regresa a su Alma máter gustosa, frente a 700 asistentes que gritan ¡Justicia, Vivas las queremos! Pasaron 30 años para escribir sobre el feminicidio de su hermana, nombra al perpetrador: Ángel González Ramos, que sigue prófugo.
La madre, hermanos, familiares, amigos lo encubrieron, cómplices, y surgieron más víctimas en su camino. ¿Cuántos casos conocemos con el mismo patrón de conducta? A Liliana la aviva la Literatura, el lenguaje restituye su memoria, sus ganas de vivir, su amoroso destino trunco.
La conferencia completa, esta en internet, es una oportunidad para escuchar al Premio Pulitzer, a la galardonada tamaulipeca Cristina Rivera, y reflexionar sobre la orfandad que causa el no investigar, la ausencia de castigo a los responsables, cómo se ha filtrado esa peste en las entrañas de la sociedad. Por fortuna el arte salva, en murales, obra de teatro, esculturas, en la literatura, Liliana, seguirá viva.
Recibirá su título de arquitecta por la UAM, la justicia literaria vence a la impunidad legal. En cada lector, en los miles de ejemplares que están en el mundo, su historia se multiplica, te haces amiga de Liliana. Empatía con las víctimas, restituir su nombre es un grito necesario.
Carpe diem.