¿Saben lo que dice una sábana, una olla, el mantel? Las cosas que nos rodean, que habitamos, hablan. El cacharro que no quieres tirar porque era de tu mamá, y lo trajo de su casa de niña, de otra ciudad tan abandonada como está, lo mantienes vivo, hay un diálogo intangible.
El frasco de perfume se cayó y se rompió en mil pedazos, un aguamanil del siglo XIX sufrió la misma experiencia, un cristo de madera, las casas señoriales, el árbol cómplice de los besos adolescentes, la lista es enorme, cada uno tiene una serie de elementos que nos acompañan desde siempre, los vamos reuniendo en un barco y al zarpar quedarán huérfanos o se hundirán como el Titánic.
Martha Izaguirre, escribe un poemario a la manera de Neruda a los objetos. Desata los recuerdos que habitan en ellos, siembra memoria, también se asume un jarrón, una pared, un objeto peregrino.
En su poemario: El Adiós a la Casa de Papá y Mamá, en cada hoja hay una lluvia permanente, no cesa, cae, moja las palabras, inunda el paisaje, se filtra en los recovecos de ladrillos, paredes, en las prendas de temporal.
Es una despedida a lo que fue un hogar, un sueño, la alegría de la mesa, el jardín con sus cambios de estación como de épocas y escenografías. Hay una ceremonia de agradecimiento a ese mundo, a un universo de cosas que son cercanas y distantes. Se despide de ellas con las palabras, con el sentimiento de que seguirán vivas en la memoria.
El final del texto es la Demolición, una máquina, arrasa en menos de media hora lo que se construyó en años, con anhelos y sacrificios. Un mago extendió su manto mágico cubriéndola la casa desapareció frente a los asombrados ojos de mi alma, como una vez apareció ante mis ojos infantiles.
Una ventana, la puerta, una caja con vasos, jarras, botellas son objetos atados a nuestro ser. Martha Izaguirre, poeta tampiqueña, en lo cotidiano, nos acerca a un mundo que nos atañe a todos, hace universal nuestra relación con lo que nos ciñe.
Observe cómo los visitantes, quieren regresar a ese espacio donde caminaba su padre, a su infancia, a la nevería de antaño, para revivir su historia personal, la pertenencia con el sitio en el trino de su corazón.
Carpe diem.