¿Lo femenino, un símbolo contemplativo? Con la mirada occidental, hemos visto infinidad de desnudos en el arte. Desde la antigüedad hasta nuestros días el cuerpo de la mujer, eclipse sensual, devela sus formas en piedra, terracota, bronce, madera, barro.
La figura mitológica grecorromana más representada es la Venus, por su simbolismo, diosa del amor, la belleza, la fertilidad, el sexo.
Para los primeros americanos, Venus, su adoración, parece ser una de las características importantes de su cosmogonía. Según el diccionario de Mitología y religión de Mesoamérica la deidad que representa Venus, es Quetzalcóatl, cuando se quemó surgió a los ocho días por el Este, proveniente del inframundo, ataviado con flechas y convertido en el planeta Venus.
En 2005 se descubrió una escultura de excepcional belleza: la Venus de Tamtoc o Mujer escarificada. ¿Cuál nombre le gusta más? Es una pieza de tamaño natural de piedra arenisca, se cree que fue mutilada intencionalmente, como parte de un ritual de fertilidad.
Es un cuerpo de una mujer joven que tiene marcas como tatuajes, sobre el hombro hay 52 cicatrices, lo han relacionado con los ciclos agrícolas. Rompe con las formas tradicionales que conocíamos de las esculturas de la mujer huasteca, esculpirla fue una tarea físicamente exigente, abre caminos de investigación y asombro.
Imagine el rostro del arqueólogo Guillermo Ahuja, al enfrentarse a un hallazgo que cambia la estética, el canon de estudio sobre la huasteca.
Si deseamos conocerla, hay que esperar un tiempo porque es muy solicitada para exposiciones, después de París, estará en Madrid en la muestra: Mitad del mundo. La mujer en el México indígena. El ámbito divino.
Tamtoc fue descubierto por Joaquín Meade. Su libro “La Huasteca” (1942), presenta un mapa arqueológico del sitio. Lo cita Manuel Toussaint y recomienda él mismo, leer a Meade.
Ellos abrieron la puerta, para el estudio de la cultura de nuestra Patria chica. Lo prehispánico une costumbres, deidades, hombres, hechiceras, esa mágica epopeya.
En la mesa de Taller Sie7e extrañaremos a Perla, su risa, la complicidad, el silencio; ahora, vive prendida a nuestro corazón.
Carpe diem.