Seguirán su cause

  • Taller Sie7e
  • Laura Olivia Hernández

Tamaulipas /

¿Decir adiós o hasta siempre? Las despedidas, las graduaciones, el fin de un curso, son como un jazz: dulces, alegres, tristes. Hay algarabía, abrazos, lágrimas. Las flores, los globos, adornarán estrados, las palabras ocuparán un lugar íntimo, ¿coincidirán con los festejos del mundial de futbol? Algunos jóvenes seguirán sus estudios, otros emigrarán y cada cual almacenará, las vivencias que compartieron en un tiempo. Al despedir a mis alumnos siempre leía versos … Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando; / y se quedará mi huerto, con su verde árbol, y su pozo blanco… para abrir su percepción y crear lazos, vínculos que no se rompen porque van más al fondo, al interior de su mirada. Leyéndoles poesía, buscaba darles una sorpresa gozosa, diferente, para que la retuvieran en su memoria y en su corazón.

Personificar, vivificar emociones, mezclar imágenes de la naturaleza, lo abstracto, lo cotidiano en el lenguaje: Estas paredes nos dieron cobijo en la tempestad, a veces lloramos y reímos con el sauce, nos erguimos con el puente Tampico, nos derramamos con el río Pánuco… elementos presentes a nuestros ojos y lo utilizaba en un mensaje breve y significativo. Una ceremonia de fin de cursos es tensión y jubilo, al final cuando entonas el himno a tu escuela, llega la felicidad del deber cumplido. Hace días, fui a la colonia Tamaulipas, mi segundo barrio, y encontré una plaza Centenario, transformada: murales, jardineras, la fuente del águila limpia, funcionando, jóvenes platicando en unas bancas modernas, una lavandería comunal, un contorno diferente, cálido. Años solicitando que arreglarán el espacio público, por lo menos 30 años de ir todos los días y verlo gris, descuidado, me preguntaba ¿por qué no arreglan estas plazas? ¿Qué no se merecen otro ambiente? Hoy se ve alegre, me gustó. Ojalá se conserve para otras generaciones. Imposible no sentir nostalgia.

Recordé cuando un alumno vio una fotografía en uno mis registros que decía: Sin poesía no hay ciudad, a los pocos días estaba ese mensaje, en una barda por las vías del ferrocarril. No se sabe hasta dónde se influye en la vida de otros. Por eso en las despedidas digo; como me decía Juan Jesús Aguilar: ¡Hasta siempre! adiós es demasiado. Carpe diem.


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