La oposición encontró por fin algo que la une. Tiene 74 años, está vinculado a proceso por delincuencia organizada y contrabando de hidrocarburos y pasó más de dos meses en el Altiplano. Se llama Ernesto Ruffo Appel y a falta de candidatos, el PAN, Somos México y los expresidentes Felipe Calderón y Vicente Fox lo cargan en andas rumbo a 2027. Un procesado convertido en procesión.
La FGR lo acusa de encabezar una red de huachicol fiscal con un daño de más de 4 mil millones de pesos. El martes, una jueza de amparo obligó a revisar su medida cautelar. Eso bastó para que los fieles encendieran veladoras. El viernes, un juez de control le concedió la prisión domiciliaria por su edad y su salud. Hoy las veladoras se volverán cirios.
Al frente de la fila camina Calderón. A cinco días de la detención escribió que el gobierno era autoritario y déspota, que para eso querían jueces a modo. Lea usted el tuit dos veces. Es el mismo autor que en octubre de 2017 aseguró que Ruffo había entregado Baja California al crimen organizado, justo después de que Ruffo criticara a los calderonistas por la salida de Margarita Zavala del PAN. La acusación de entonces tenía dedicatoria. La defensa de hoy también. Este viernes aplaudió la domiciliaria y el tesón de Verónica, la hija. Los jueces a modo de julio ahora sorprenden para bien.
Detrás viene Jorge Romero, que empezó pidiendo debido proceso y en unas semanas subió a Ruffo al altar de los presos políticos. En agosto, él y Vicente Fox se plantaron frente a la FGR para acompañar al comité por su libertad, una iniciativa que empuja Somos México. El dirigente del PAN caminando en la procesión de otro partido. Ayer prometió seguir firme en su defensa y cerró su publicación con Patria, Familia y Libertad. Fox, por su parte, ofreció meter las manos al fuego. Promesa temeraria en un caso de combustible.
Pero el santo ya había cambiado de parroquia. Hasta antes de su detención, Ruffo era consejero de Somos —antes Somos México— desde febrero, el partido que lo visitó en el Altiplano y organizó comités para pedir su libertad.
Y en toda la procesión nadie menciona lo que persigue a Ruffo desde hace tres décadas: los señalamientos de haber permitido que los Arellano Félix se movieran a sus anchas en Baja California, ni las charolas de la Policía Judicial Estatal que, según se ha documentado, portaban integrantes del cártel de Tijuana durante su gobierno. De eso no se habla en esta misa.
Ruffo tiene derecho a un juicio justo y a la presunción de inocencia, como cualquiera. Sin embargo, la oposición también ejerce otro derecho: el de elegir a sus santos. Y eligió a uno con expediente abierto en la FGR.
Ruffo dejará el Altiplano rumbo a su casa en Ensenada, donde seguirá su proceso. La procesión cambiará de templo. En su puerta habrá estandartes, porras y un altar listo. Y quizá una candidatura: su hija Verónica ya mostró interés en gobernar Baja California. Es la imagen más nítida de la oposición rumbo a 2027: sin proyecto propio, prefiere peregrinar tras un procesado.