Socavolandia

  • ¡Ahí Les Voy!
  • Leonardo Schwebel

Jalisco /
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Guadalajara se está hundiendo. No es una metáfora: debajo de nuestras calles hay una infraestructura que está diciendo, a gritos, que ya no puede más.

En apenas dieciséis meses, el Área Metropolitana de Guadalajara ha acumulado al menos trece socavones de grandes dimensiones. Trece. Un recuento hecho de los más mencionados y mediáticos. 

Y mientras seguimos contando hoyos, las autoridades siguen contando explicaciones.

El más reciente, el pasado 7 de septiembre, apareció en Tonalá, en la colonia Lomas del Laurel. Un colector colapsado, calles cerradas y semanas de trabajos por delante. Uno de los más grandes de este historial reciente. Y una reparación millonaria que a todos nos cuesta.

Y llegó prácticamente junto con otro socavón en Enrique Díaz de León, en Jardines del Country, que había sido intervenido apenas unos días antes. Ni siquiera hemos terminado de tapar uno cuando aparece otro. Una avenida remodelada hace poco tiempo.

Aquí está el problema: no hablamos de pequeños desperfectos que se medio se arreglan como sea.. Hablamos de hundimientos capaces de tragarse vehículos, romper vialidades, afectar redes de agua y drenaje y poner en riesgo a quienes circulan o viven alrededor.

La pregunta ya no debería ser cuándo aparecerá el siguiente socavón. La pregunta es qué parte de Guadalajara se va a caer después.

Cada lluvia parece una radiografía de lo que no vemos. El agua entra, erosiona, encuentra una tubería vieja o un colector deteriorado y, de pronto, el pavimento deja de ser pavimento. Abajo hay un vacío.

Nos hemos acostumbrado peligrosamente a la escena: vallas, maquinaria, desvíos, declaraciones y la promesa de que pronto quedará reparado. Pero reparar el hoyo no necesariamente significa reparar el problema.

Si desde mayo de 2025 a la fecha tenemos –mínimo– trece socavones de grandes dimensiones, no estamos ante una casualidad ni ante una mala racha de lluvias. Estamos ante una advertencia.

El socavón no aparece de la nada. Es la factura de años de abandono, mantenimiento insuficiente y una red hidráulica que envejeció mientras la ciudad crecía.

Millones de pesos en tapar hoyos gigantes y cada vez que se abre uno, se abre también una pregunta incómoda: ¿cuántos más están formándose debajo de nosotros, hoy y mañana?


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