Faltó tiempo. O quizá sobró discurso. Lo cierto es que ocho años no fueron suficientes para que todo lo relacionado con la Copa del Mundo quedara listo. Desde que México fue confirmado como una de las sedes del Mundial 2026 se habló de transformación, de modernidad, de movilidad, de infraestructura y de una oportunidad histórica para mostrar la mejor cara de nuestras ciudades. Hoy, a unas horas de que el balón ruede, la realidad obliga a ser menos optimistas.
En Guadalajara hay avances. Sería injusto negarlo. A diferencia de otras ciudades sede, aquí se aceleraron trabajos de última hora, se rehabilitaron espacios públicos, se mejoraron algunas vialidades y se hicieron esfuerzos para cumplir con compromisos internacionales. Pero también es evidente que gran parte de las obras llegaron al cuarto para la hora y otras simplemente no llegaron.
Durante años se vendió la idea de una fiesta global que beneficiaría a todos. Que el turismo dejaría derrama económica, que habría empleos, que la ciudad ganaría prestigio y que los habitantes disfrutarían de una experiencia única. Sin embargo, conforme se acerca el momento de la verdad, queda claro que buena parte de esa experiencia tiene un precio que muchos simplemente no pueden pagar.
Boletos con costos prohibitivos. Hospedajes disparados. Restaurantes y servicios ajustando tarifas a niveles internacionales. Zonas exclusivas para patrocinadores. Experiencias VIP para quienes pueden desembolsar cantidades que resultan impensables para la mayoría de los mexicanos.
Además de una evidente limpieza social quitando espacios públicos para personas no deseadas.
El Mundial que llega a Guadalajara parece diseñado para el visitante con cartera amplia más que para el ciudadano que paga impuestos y que ha soportado durante años obras, cierres viales, molestias y promesas.
Y eso es lo verdaderamente lamentable.
Porque el fútbol nació como un espectáculo popular. Porque las grandes historias mundialistas fueron construidas por aficionados comunes, no por clientes preferentes.
Y en este lapso nuestros grandes problemas no desaparecen.
La pregunta sigue siendo válida: ¿se preparó la ciudad para recibir un Mundial o se preparó un Mundial para unos cuantos? Porque a veces la diferencia es enorme. Y se nota.