Esperanza y humanidad en tiempos de cambio

Monterrey /
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Vivimos un momento de enorme transformación tecnológica. La inteligencia artificial permite optimizar tareas, procesar volúmenes masivos de información y abrir oportunidades que hasta hace poco parecían inalcanzables. Sin embargo, en una época donde la vida profesional y humana corre el riesgo de medirse únicamente bajo indicadores de productividad, resulta indispensable preguntarnos qué relevancia tiene la persona en este mundo tecnificado.

La respuesta exige reconocer que la tecnología es un medio y no un fin. Su verdadero valor radica en lo que aporta a las personas y en las oportunidades que abre para todas y todos, sin desplazar aquello que nos hace esencialmente humanos, como la conciencia, el criterio, la empatía, la creatividad y la responsabilidad.

Esta fue una de las reflexiones centrales de la XVIII edición del Encuentro Mundial de Valores, celebrada los días 3 y 4 de octubre. A través de conversaciones sobre salud, educación, creatividad, medios de comunicación y tecnología, el encuentro permitió renovar la relevancia de poner a la persona al centro y por encima de cualquier herramienta, por eficiente que esta sea.

Un médico no vale únicamente por la precisión de sus diagnósticos, sino por la manera en que escucha, acompaña y cuida a su paciente. El docente no sólo transmite datos, también forma y orienta. El artista aporta sensibilidad y una mirada propia. El comunicador asume la responsabilidad de buscar la verdad y comprender el impacto de su mensaje. El empresario puede utilizar la tecnología para hacer más eficientes sus procesos, pero sus decisiones tienen consecuencias directas sobre las personas y sus comunidades.

La inteligencia artificial puede respaldar estas tareas, pero no sustituye la conciencia ni el criterio con la que se ejecutan. Ofrece información, agiliza procesos y genera contenidos, pero no decide qué es lo correcto, no reemplaza la empatía necesaria para acompañar el dolor o la pérdida, ni posee una historia de vida desde la cual crear.

En este sentido, diversas reflexiones del Encuentro apuntaron a la urgencia de cuidar nuestra salud emocional. Frente a la velocidad, la sobreestimulación de las pantallas y la presión por ser productivos se vuelve indispensable recuperar espacios de silencio, convivencia, reflexión y conexión con los demás.

Algunos conceptos compartidos en el Encuentro merecen una mención especial. La psiquiatra y escritora Marian Rojas Estapé advirtió sobre la llamada “crisis de atención” y su relación con problemas de salud mental e interacción social desde la neurociencia; invitó a aceptar la incomodidad, el aburrimiento y la espera.

Por su parte, Emma Seppälä abordó la idea de “soberanía personal” como una vía para conectar con nuestro mundo interior, reconocer emociones, observar pensamientos y tomar decisiones con mayor conciencia, en lugar de permitir que cada estímulo externo determine nuestra atención.

En el ámbito educativo, el conversatorio de rectores destacó tres elementos estratégicos para el uso de la IA, “dignidad, ética y pensamiento crítico”, revalorando el papel del docente que acompaña y promoviendo prácticas que estimulen la convivencia y el diálogo interpersonal.

También hubo un llamado firme al optimismo, al agradecimiento y al servicio. Eduardo Dondé resumió esta postura al señalar que “con el agradecimiento pasamos de ser una persona que es víctima a una persona que es bendecida”.

En esa misma búsqueda de autonomía se inscribieron las aportaciones de Farid Dieck sobre “quién decide por nosotros en la era del algoritmo”, de Pablo Merino sobre una “inteligencia artificial consciente” y de Marisela Reyes al recordar que, aunque “la IA pueda saber mucho de nosotros, sólo nosotros sabemos quiénes somos”.

La esperanza reside precisamente en comprender que el avance tecnológico no tiene por qué alejarnos de nuestra humanidad. La pregunta fundamental no es sólo qué puede hacer la IA, sino qué queremos que haga por y para nosotros.

Enhorabuena por un Encuentro que, en medio de tanta transformación, nos devuelve la esperanza para mirar hacia un futuro centrado en el valor de la persona.


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