El ciclo sexenal

  • Paralaje
  • Liébano Sáenz

Ciudad de México /
Sheinbaum, Adán Augusto y Rosa Icela. Alfredo Estrella/AFP

Es evidente que después del resultado adverso en la elección intermedia, el presidente López Obrador decidió cambiar los tiempos de la sucesión. En una acción reactiva poco usual para alguien acostumbrado a poner la agenda, no se conformó con traer el tema a la mesa, sino que se decantó marcadamente a favor de la única aspirante. En perspectiva, si la decisión era que la jefa de Gobierno fuera una opción fuerte, era necesario más que hacer evidente el respaldo presidencial, blindarla de lo que para propios y extraños es el peor resultado de la izquierda en la ciudad bajo su gobierno.

De aquel entonces a la fecha, mucho ha cambiado. El Presidente tendrá sus razones no sólo para considerar, sino para sostener su decisión. Pero la realidad es que la ventaja de los prospectos o del partido es frágil, a diferencia de la campaña anticipada de él hace seis años. Institucionalmente ha hecho daño que los funcionarios se distraigan de sus responsabilidades por las acciones de proselitismo ilegal o que tomen decisiones a partir de la prospectiva electoral. Lo más pernicioso es que el mismo Presidente se involucre en un tema que no le corresponde ni en sentido de ética democrática por su condición de jefe de Estado y Presidente de todos los mexicanos, ni jurídicamente, por el código de imparcialidad a la que está sujeto todo funcionario público.

Cambiar los tiempos de la política sin considerar al ciclo sexenal es un error y es contraproducente. En estos meses el Presidente ha perdido fuerza y buena parte tiene que ver con el nuevo momento de su gestión. Los intereses que inciden en la Presidencia valoran esta circunstancia y entienden que a partir de que haya candidato(a) su relación con Palacio Nacional habrá de cambiar. Lo mismo sucede con los socios de su coalición.

Las dificultades del Presidente son mayores porque no construyó un proyecto a partir de la convergencia de intereses. Además de un fuerte contenido personal, en todo prevaleció una postura unilateral cohesionada a partir de los extraordinarios recursos de poder que otorga la presidencia. A pesar de la fuerza del presidente y de su nivel de aceptación, su liderazgo se ve afectado precisamente porque en el proyecto hubo exclusión y poco, muy poco trabajo de política.

Liébano Sáenz



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