El inicio de 2026 no abona al optimismo, todo lo contrario. La detención del dictador Maduro por un operativo militar norteamericano representa un precedente preocupante en extremo. El mundo es testigo de un cambio abrupto y accidentado del equilibrio global construido desde la Segunda Guerra Mundial. La política de seguridad hemisférica impulsada por Trump es una afrenta al derecho internacional. La defenestración de Maduro es para festejar; no así el medio ni tampoco lo que ha seguido. El régimen chavista continúa en el poder y para el presidente estadounidense el restablecimiento de la democracia y las libertades no son prioridad.
Para México lo ocurrido significa una doble preocupación real. Por una parte, los derechos que se arroga Estados Unidos sobre la seguridad en el hemisferio; por la otra, los problemas propios como el amago del crimen organizado, la persistente violencia e inseguridad, el bajo crecimiento económico, la falta de integridad de la política y el saldo de la polarización que estigmatiza a la crítica y el disenso.
México se muestra aislado en el entorno internacional. La postura en favor de Cuba es indefendible, no sólo por el envío de petróleo, sino por todo el apoyo brindado al régimen castrista sólo porque sí. No hay una situación de emergencia que la justifique; además, desde la perspectiva de nuestro socio comercial al norte, nos coloca como una nación amiga de sus enemigos. No convence a nadie invocar un precedente histórico, una reliquia; México tiene responsabilidades propias, empezando por la defensa de su patrimonio. Además, la debilidad estructural obliga a un manejo muy cuidadoso de los temas sensibles para los norteamericanos.
Los desafíos crecen por el ejercicio de un poder sin contención y de desdén a la legalidad. El vértigo hace ignorar los valores propios de la civilidad, como es la coexistencia de la diversidad y el respeto a quien disiente o critica. La ola del populismo autoritario tiene efectos destructivos y desestabiliza el equilibrio existente; sin embargo, es un ciclo que un día habrá de concluir. Queda por delante recuperar lo mejor del pasado y presente, y transitar hacia el porvenir con un sentido de responsabilidad frente a las escasas oportunidades que plantea la realidad.