El anglicanismo es una de las principales corrientes del protestantismo del siglo XVI. En la actualidad reúne características del catolicismo romano con principios protestantes. A diferencia de la Iglesia católica no reconoce al Papa, niega la inmaculada concepción y la devoción a los santos, mantiene una estructura episcopal y su cabeza es el arzobispo de Canterbury.
En el siglo XVI el rey Enrique VIII rompió con Roma debido a que el papa Clemente VII no le concedió la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón. En ese momento el monarca no pretendía reformar la Iglesia por motivos doctrinales sino sustituir la autoridad de Roma por la suya. El Acta de Supremacía de 1534 proclamó al rey como “Cabeza Suprema en la Tierra de la Iglesia de Inglaterra”. Entre 1547 y 1603 ocurrió una radicalización que luego se transformó en una vía media: durante el reinado de Eduardo VI, la Iglesia se tornó protestante y calvinista —se cambiaron la misa y los altares por mesas de comunión. María Tudor intentó recuperar el catolicismo y la obediencia al Papa a través de una Restauración Católica pero su media hermana, Isabel I, estableció un término medio: mantuvo la estructura episcopal y conservó la teología protestante. Fue declarada “Gobernadora Suprema de la Iglesia de Inglaterra” en vez de “Cabeza”.
A nuestros días, el anglicanismo ostenta una diversidad litúrgica y doctrinal. Los sacerdotes pueden casarse o ser célibes si así lo desean. En 1992 se aprobó la primera ordenación de una mujer. La semana pasada, Sarah Mullally asumió el arzobispado de Canterbury convirtiéndose en la primera mujer en liderar la Iglesia anglicana —sellando un hito después de 500 años de historia. Respalda la bendición de parejas del mismo sexo y ha ofrecido disculpas por el tratamiento histórico de la Iglesia hacia la comunidad LGBTQ+.
En contraste, en la católica hay 80 por ciento de mujeres en la iglesia activa (catequistas, administradoras de colegios, hospitales, parroquias y misiones) pero han sido marginadas de la toma de decisiones. Han trabajado “colándose por las rendijas y esquivando el clericalismo que representa el poder uniforme, centralista y autoritario de la Iglesia o, lo que es lo mismo, el androcentrismo, el paternalismo, el machismo”, declara para El País a Jesús Rodríguez la hermana Silvana Piro, doctorada en teología. El papa Francisco convocó un sínodo entre 2021 y 2024 reuniendo a doscientos obispos y cien mujeres y hombres religiosos y laicos para modernizar al catolicismo y crear un nuevo modelo de gobierno. El papa León XIV tendrá que remar en contra de los conservadores radicales para abrir el camino que inició Francisco y darles a las mujeres no sólo un papel comunitario sino un lugar en igualdad. Es un tema sensible que debe estar presente en las mesas de discusión si la Iglesia católica no quiere perder devotos.
A mis amables lectores quiero darles las gracias por leer esta columna que hoy celebra sus tres años.