Síndrome de Asperger

Hidalgo /

El pasado 18 de febrero, numerosas instituciones públicas conmemoraron el llamado “Día Internacional del Síndrome de Asperger”. En nombre de la inclusión, la sensibilización y la diversidad, los mensajes hablaban de respeto, empatía y reconocimiento. El primer problema fundamental es que el síndrome de Asperger ya no existe como diagnóstico clínico. Fue eliminado en 2013 del DSM-5, el principal manual diagnóstico de la psiquiatría. Pero, además, que esa categoría es política y éticamente problemática.

Su descripción se atribuye al pediatra Hans Asperger, que en 1944 lo llamó “psicopatía autística”, en niños que mostraban dificultades en la interacción social, intereses intensos y formas particulares de relacionarse con el mundo. Sin embargo, su clasificación fue conductual, no neurológica; en aquella época no existíanni el conocimiento científico actual sobre el desarrollo cerebral, ni las herramientas tecnológicas para comprender la complejidad del sistema nervioso.

Como toda categoría diagnósticaemergió de un contexto histórico específico. Hans desarrolló su trabajo dentro del sistema Nazi, un régimen obsesionado con clasificar la utilidad de la vida humana. Los niños eran evaluados no sólo en función de sus características individuales, sino de su capacidad de adaptación a los ideales extremistas del régimen. La clasificación funcionaba, así, como una estrategia de diferenciación entre vidas consideradas valiosas y vidas consideradas prescindibles (y que eran enviadas a los campos de concentración).

Este origen histórico importa porque sus efectos no desaparecen automáticamente. Aunque el diagnóstico fue eliminado, en el imaginario permanecenlos estereotipos, las jerarquías y las formas de comprender la diversidad.Que hoy las instituciones sigan conmemorando el “síndrome de Asperger” revela un rezago médico, así como la inercia de un sistema que reproduce una clasificación política incompatible con la bioética.


  • Lol Canul
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