El desarrollo territorial en las décadas más recientes en México plantea situaciones paradójicas que abren temas de discusión muy importantes para la sociedad y para los profesionales en las áreas de geografía, urbanismo y sociología. Las principales ciudades a nivel regional han seguido creciendo y ocupando terrenos rurales, la urbanización ha sido expansiva y ha generado problemas de movilidad, seguridad y dotación de servicios. Estas áreas de reciente creación han sido ocupadas por vivienda unifamiliar de tipo horizontal de distintos niveles socioeconómicos, pero en general siguiendo proyectos ineficientes que en algunos casos han resultado en fracasos y en el abandono de los conjuntos habitacionales.
También ha habido un efecto no previsto derivado de la influencia que las concentraciones urbanas han ejercido sobre las comunidades y pueblos más pequeños. Cuando dos ciudades medias crecen horizontalmente y se va reduciendo la distancia entre ellas, absorben a la población circundante y se crea un vacío entre ellas. Este es un efecto negativo de la urbanización a nivel territorial que se ha elevado recientemente y del que no han indicios ni intención clara de que se solucione dentro de los programas gubernamentales.
Una población pequeña sin duda se beneficia de su proximidad estratégica a una ciudad importante, en ella se crean oportunidades para el turismo, el desarrollo económico y la conectividad, pero al mismo tiempo su localización presenta retos en cuanto al aumento del costo de los terrenos y los alquileres, así como en la especulación inmobiliaria, además de la erosión de su identidad local y de su cultura propia.
Tangente
Los programas de estímulo al desarrollo de los denominados Pueblos mágicos, que en sus inicios contemplaban ayudas para fomentar el turismo y la actividad económica en sitios con tradiciones locales especiales, han tenido también efectos perjudiciales en las comunidades en las que han operado.