Consideremos un razonamiento crítico acerca de la relación del ser humano con su medio ambiente. Tradicionalmente nuestra especie se ha colocado a sí misma como un agente externo al entorno en el que se desarrolla, pero más recientemente se ha hecho hincapié en que esta postura es inadecuada y en parte una de las causas de los daños al medio ambiente.
El ser humano considera como su medio a todo el conjunto de elementos orgánicos, vivos e inertes que lo rodean y también es consciente de que él mismo y los demás humanos forman parte de él. De este modo, los humanos también formamos parte del medio ambiente de los otros seres vivos, como las plantas y animales. Aceptando estas condiciones, entonces no existe ningún tipo de oposición entre naturaleza y cultura, sino un sistema de relaciones continuo y recíproco entre todos los elementos que componen un ecosistema determinado.
Si bien sólo los humanos reflexionamos y hablamos de ello, el medio ambiente existe por igual para todos los demás seres vivos, los cuales reaccionan ante él para protegerse de sus agentes nocivos y alimentarse de sus nutrientes. Por este motivo, el papel de cada elemento que compone a un entorno tiene la misma importancia. Buscando la supervivencia, todo ser vivo actúa de acuerdo con su potencial y sus limitaciones hasta encontrar el equilibrio necesario para continuar desarrollándose. En realidad la ecología no es más que un sistema de relaciones en el cual todos los elementos requieren de ciertas condiciones para subsistir y en el proceso aportar algunos materiales o comportamientos que pueden beneficiar o perjudicar a los demás elementos.
Tangente
El antropólogo británico Tim Ingold escribió: “No existe un proceso ecológico que se aplica a los humanos y otro distinto que se aplica a su medio ambiente, se trata de un solo proceso que se desenvuelve en tiempo real y gobierna en conjunto todo su desarrollo y crecimiento”.