Cuando observamos una calle o plaza muy transitada, veremos casi siempre personas que ofrecen productos en venta, ya sea en puestos fijos o en movimiento, como carritos o llevando los productos en sus manos. A simple vista puede parecernos un fenómeno habitual que responde a la libertad de tránsito de las personas por espacios públicos. En México se encuentran todo tipo de ofertas en las calles, desde puntos de comida hasta ropa, zapatos, utensilios y una infinita variedad. Es obvio que los vendedores que utilizan las vías públicas deben tener permiso de las autoridades para vender sus productos, sin embargo, en nuestras ciudades hay un doble orden. Es muy habitual que los vendedores tengan un representante que sea quien negocie con las autoridades su derecho a ocupar el espacio público. Las negociaciones se hacen en grupo y de este modo los miembros de dichas organizaciones adquieren certeza para poder ejercer sus actividades, en algunas ocasiones de manera explícita y en otras de modo tácito. Por su parte, las autoridades suelen aprovechar a estos gremios para fortalecer su poder político de manera corporativa, es decir, espacios a cambio de votos garantizados para su partido político.
Estos mecanismos son de una gran complejidad y existen muchas variantes que es posible analizar para poder comprenderlos, además están sostenidos por acuerdos contingentes que cambian constantemente y que también pueden involucrar cierta violencia y corrupción, por lo cual están en la línea divisoria entre lo legal, formal o lo contrario.
Con un trabajo de campo correcto y ordenado, los expertos pueden llegar a comprender estos fenómenos casi en su totalidad.
Tangente
Las dinámicas contingentes en el espacio público son materia de investigaciones antropológicas profundas, de las cuales los urbanistas y arquitectos carecen de metodologías y conocimientos suficientes para ser capaces de definirlas con precisión.