Algo difícil de asimilar

  • Desde mi rincón
  • Luis Augusto Montfort García

Laguna /

Entre las numerosas y curiosas prácticas y costumbres que tenemos los seres humanos el deporte es una de ellas, y por estos días, en particular el futbol resulta el foco de atención de millones de personas a lo largo y ancho del mundo, así como también la fuente de variados e intensos estados de ánimo entre los aficionados y seguidores de dicho deporte.

Pero como todos los fenómenos sociales en los que a cada uno en su tiempo de vida nos toca vivir, éste tiene también su origen y explicación, cosa que en estas breves líneas pretendo explorar y compartir, sin más credenciales que las de considerarme un incansable observador del comportamiento humano.

Tal vez el sentido de competencia, (como ese de los caballos que aceleran el trote cuando algún otro los rebasa), sea parte inherente de la naturaleza humana, como una variante del instinto de sobrevivencia que se refuerza luego con el desarrollo de las aptitudes físicas y cerebrales propias, mediante dos herramientas clave de aprendizaje derivadas de nuestra condición de primates: la capacidad imitativa de aprender viendo y el gusto y habilidad lúdica que nos hace desear y disfrutar del juego y la competencia en cualquiera de sus formas.

Si bien esto pudiera ser el origen primigenio del deporte, es interesante anotar cómo en cierto momento y en muy lejanas y diferentes geografías y culturas, su práctica se amalgamó con los mitos y creencias religiosas, de donde surgen ritos invocatorios para honrar a las distintas deidades tales como: “Nike”, (sí, así como la marca deportiva), diosa griega de “La Victoria”, o “Xólotl”, dios mexica del inframundo, tutelar del alegórico “juego de pelota” (Tlachtli), como representación de la lucha diaria entre las fuerzas de la luz del día y la oscuridad de la noche, donde la pelota de hule macizo representaba al sol, curiosa semejanza de veneración al “Sol Invictus” romano.

Así como hace 3500 años en el Tlachtli, hoy en todo deporte el objetivo es el mismo: vencer a…, llegar a…, meter en…, etc. 

Tal vez por todo esto sea que la experiencia de la derrota sea algo tan difícil de asimilar.

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