Aprender a pensar

  • Desde mi rincón
  • Luis Augusto Montfort García

Laguna /

Desde que nuestros ancestros aparecieron sobre la tierra, hace 300,000 años según la paleoantropología, la necesidad de transmitir el conocimiento de adultos a jóvenes muy pronto se entendió como una forma de asegurar la sobrevivencia del grupo, función que al paso de las generaciones se asumió como una responsabilidad de los mayores. 

Nacía así la educación como una herramienta evolutiva qué, aprovechando la mayor capacidad neuronal y de aprendizaje de nuestra especie, nos ha llevado no sólo a situarnos en lo más alto de la cadena alimenticia, sino también a otras monerías como los sorprendentes descubrimientos extra-galácticos del telescopio James Webb, o la invención de la llamada “Inteligencia Artificial” (IA), cuya trascendencia en la historia humana es aún de pronóstico reservado, toda vez que para bien o para mal, al parecer dicha IA será el pasaporte al mundo científico de la mecánica cuántica en el siglo XXI.

A partir de entonces el proceso de educación y aprendizaje, del que pudiera decirse es la mejor interpretación del pasaje bíblico de la “multiplicación de los panes”, (por el efecto también multiplicativo del conocimiento), ha pasado por todo tipo de cambios, en un principio quizás sólo aprovechando la mayor capacidad humana de memorización apoyada en el hipocampo, para luego mediante la asociación de ideas o imágenes, concluir esa información en forma de nuevos conocimientos.

Pero más allá de la sola memorización, con los siglos surgieron otras opciones de educación como la Mayéutica socrática, que mediante preguntas y razonamiento, pretendía llevar al discípulo a conclusiones propias que no fueran solo aquellas que dictara el maestro, como el medieval “Magister Dixit”, que al parecer en el ámbito escolar de hoy, va siendo sustituido por un: 

“IA Dixit”, con el consecuente deterioro del uso de procesos discursivos con los que el alumno aprenda el cómo, el porqué y el para qué del conocimiento adquirido. 

Quizá limitar en la escuela el uso de la IA, a sólo como una función correctiva, facilite que las nuevas generaciones no se priven de aprender a pensar.

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