Conciliar realidades

  • Desde mi rincón
  • Luis Augusto Montfort García

Laguna /

Cuando la vida se nos complica, es normal sentir temor por lo incierto que percibimos el futuro. 

Esa incertidumbre con frecuencia nos genera una sensación de angustia, término conocido y utilizado por los pensadores clásicos desde hace miles de años, que derivado del latín se entiende como “dificultad” o “estrechez”, que a su vez migró a la medicina como un estado físico-mental con sensación de asfixia, de ahogo y de congoja emocional.

Esta preocupación por el futuro aunado a las culpas reales o imaginarias por errores cometidos en el pasado, es lo qué, a diferencia de otros animales, nos hace calificar nuestra existencia con términos tan definitivos e imprecisos como “ser feliz” o “ser infeliz”, como si la vida, ese periodo de tiempo que pasa entre que nacemos y morimos, fuera un proyecto perfecto, sin márgenes de error y si no dependiera de las infinitas circunstancias que nos guste o no, a veces nos hacen sentirnos como hojas, juguetes en el viento dependientes de los caprichos del azahar.

La vida es en todos los seres vivos una lucha constante por sobrevivir y el ser humano no es la excepción, pero de alguna manera esta verdad se nos olvida en el proceso de vivir, quizá por influencia de las modas, la cultura, la necesidad de evasión, o incluso tal vez por la inconsciente nostalgia del lecho materno donde nada faltaba, es que nos gusta pensar que “venimos al mundo a ser felices” y enfrentarnos con la apabullante realidad resulta una tarea doblemente difícil.

Cuando como en estos tiempos que hoy vivimos, el mundo anda “parado de cabeza”, por las locuras, caprichos y culto desmedido a la tecnología de algunos locos que juegan a ser dioses, la decepción frustrante del mundo que hemos construido no se hace esperar y como siempre, volteamos al pasado a ver si ahí encontramos respuestas que nos ayuden a “ser felices”.

Pero si bien la felicidad nos es el destino del hombre sobre la tierra, muchos pensadores coinciden en que es preferible aspirar a una paz interior, que sólo se obtiene cuando conciliamos la vida como realmente es, con quienes realmente somos.

Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite