A veces el significado que le damos a las palabras va cambiando conforme a los usos, las costumbres y los tiempos, tal es el caso del verbo “congeniar” que preludia estas líneas, que se entiende como “llevarse bien, avenirse o coincidir en gustos, ideas, carácter o inclinaciones con otra persona”.
Pero como en muchos otros casos, conocer la etimología de la palabra a veces puede enriquecer y ampliar el concepto mental más que su simple y llana definición, sobre todo cuando como en este caso, lo que se pretende es destacar la importancia que para las relaciones humanas tiene el provechoso efecto de congeniar.
Proviene del prefijo “con”, que del latín significa “unión” y “genius” entendido como “carácter o personalidad”, de donde a primera vista puede decirse que “congeniar” se refiere a la afinidad entre el carácter y personalidad de dos o más individuos.
Pero si migramos de la etimología a su pariente cercana la mitología, encontramos que “Genius” para los romanos, era también una especie de entidad divina menor que acompañaba durante toda su vida a cada persona desde su nacimiento hasta su muerte, una especie de dios personal (quizá como precursor del que siglos después fuera llamado “ángel de la guarda”), al que se le rendía culto para el éxito, la salud, la protección y la prosperidad individual, aunque en una versión social, se creía también en el llamado “Genius Populi Romani”, como protector del pueblo y el Imperio romanos.
De las mismas raíces nos llega la palabra “ingenio”, que alude a la substancia interior que hace que cada quien sea lo que es, de manera única e irrepetible, es decir: el espíritu.
Es aquí donde se justifica decir que entre los seres humanos el acto de congeniar, entendido como la comunión de dos espíritus, no puede ser sólo el resultado de una afortunada serendipia, un deslumbrante descubrimiento del “alma gemela” o una súbita revelación metafísica, sino que como en toda creación artística, para conseguirlo se requiere la voluntad de: desear razonar, saber sentir y poder comunicar.
De esto depende y en eso consiste, el arte de congeniar.