¡Hey Rama!

  • Desde mi rincón
  • Luis Augusto Montfort García

Laguna /

Entre las diversas interpretaciones que se han dado a las últimas palabras de Mahatma Gandhy: 

“¡Hey Rama!”, antes de morir asesinado a manos del fanatismo y la estupidez humana, mismas que aparecen grabadas en el monumento que en su honor existe en Nueva Delhi, mi preferida es una que traducida significa: 

“Oh Señor” y que se explica como un estado de conciencia extrema de comprensión, del instante en el que terminaba su vida y con una breve oración de dos palabras, entregaba su alma al ser o entidad superior en la que él confiaba y creía.

“Nacemos para morir”, decía Heidegger desde otro culto y latitud, repitiendo lo que muchos otros filósofos han comprendido, y antes que ellos, otros muchos más en todas las geografías y culturas humanas, y sin embargo…

Debido a que nuestro diseño físico y mental está diseñado para sobrevivir a casi toda costa, como todos los seres vivos tenemos un rechazo automático a la muerte, un instinto de conservación que en nuestra especie, tal vez se ha des-dimensionado hasta extremos de negación absurda, quizá por el aprovechamiento que de él han hecho distintas religiones y credos, explotando un temor natural para sus intereses proselitistas, mediante todo tipo de promesas de una vida posterior a la única que conocemos.

Esto sin mencionar que el materialismo desbocado que hoy vivimos y el hedónico culto al cuerpo y sus placeres promovido en las últimas décadas, nos ha hecho perder la brújula sobre la fragilidad de la vida, en una soberbia que nos hace creernos seres privilegiados. 

Refería un amigo médico que cuando ante un diagnóstico terminal, un paciente le preguntaba: 

¿Por qué a mí?, a él le daban ganas de responder ¿y por qué no?

Entender la certeza de la muerte es imprescindible para entender y vivir plenamente la vida, asegurar la existencia de otras formas de vida futura son solo promesas y especulaciones.

En tiempos de transición y turbulencia como los que hoy vivimos, tal vez convenga revisar nuestro temor a la muerte, porque cuando el temor se convierte en cobardía, a veces esa cobardía nos impide vivir la vida.

Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite