La paciencia y los ciclos de la vida

  • Desde mi rincón
  • Luis Augusto Montfort García

Laguna /

“Ten paciencia con todas las cosas, pero sobre todo contigo mismo”, dicta una frase atribuida al clérigo humanista francés Francisco de Sales, quien ya temprano en su tiempo del siglo XVII, apuntaba el valor no solo de saber comprender las limitantes de nuestro entorno y las limitaciones de las personas que nos rodean, sino también saber detectar y corregir las propias, a través del auto análisis y la introspección.

Dicho pensamiento cobra hoy, cuatro siglos después, especial relevancia en el mundo que los humanos hemos construido, que parece estarse desmoronando ante el colapso de los valores que durante muchos siglos nos permitieron sobrevivir y prosperar como especie, a pesar de nuestras imperfecciones y defectos.

Paciencia dice el diccionario es “la capacidad de soportar o padecer algo molesto o difícil sin alterarse” y practicarla y fortalecerla rinde grandes beneficios, tales como: evitar acciones impulsivas y precipitadas, tomar mejores y más adecuadas decisiones, comunicar mejor nuestras razones y sentimientos, conseguir estados más claros de conciencia, controlar el estrés y reducir sus dañinos efectos físicos y psicológicos, así como muchos otros beneficios, sin mencionar que todo lo anterior es el mejor camino para lograr ese estado qué, sabiéndolo o sin saberlo todos deseamos y de algún modo buscamos: la paz interior.

Este estado mental, o por qué no decirlo, ese estado del alma, contrae como un valor añadido la capacidad de retroalimentarse en la medida que tomamos mayor control de nuestros pensamientos, decisiones y acciones, sobre todo cuando comprendemos que si bien no podemos cambiar al mundo en el que vivimos con todas sus aberraciones e imperfecciones, sí podemos controlar la manera en que eso nos afecta y así al menos, tratar de mejorar el mundo inmediato en el que nos ha tocado vivir.

Ser paciente no es ser sumiso ni ser conformista, es entender que en los ciclos de la vida hay momentos para plantar y para cosechar, para hablar y para callar, para reír y para llorar, para ganar y para perder. 

Y un momento para nacer y para morir.

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