¿Qué sigue después?

  • Desde mi rincón
  • Luis Augusto Montfort García

Laguna /

La curiosidad, una de las principales características de los seres humanos, quizá haya sido uno de los factores más importantes en el proceso de aprendizaje para el desarrollo y predominio de nuestra especie. 

Nacemos como una página en blanco o “tabula rasa”, que poco a poco se va llenando de imágenes y conocimientos en la medida en que vamos “descubriendo” el mundo al que recién hemos llegado.

Esta es la primera de cuatro etapas de la vida en la que descubrimos el dolor, el hambre, la soledad, el frío y otras muchas sensaciones que allá en la confortable comodidad del vientre materno no habíamos experimentado. 

Todo es nuevo y todo se registra de manera tal vez inconsciente, pero de un modo que va dejando una huella psicológica que de laguna forma nos acompañará toda la vida.

Dejamos de ser bebés y en esta segunda etapa nos transformamos en niños, aprendemos entonces que hay otros con quienes debemos compartir el mundo, que no podemos tener todo lo que deseamos y que el tiempo se mide en minutos, horas, días y años, pero eso no nos afecta porque la vida se vive sólo en el día con día y el pasado no tiene importancia, en tanto que el futuro es solo una palabra carente de significado.

Llegamos entonces a la tercera etapa, la de una juventud pletórica de energía y ansias de “vivir la vida”, de conocer, de amar, de aprender y de triunfar. 

Hay también reveses y fracasos, pero el flujo hormonal predomina y nos permite darle rienda suelta al optimismo para levantarnos tras cada caída y reemprender todo tipo de planes y proyectos. 

La vida es bella y nos parece como una fiesta interminable, sólo interrumpida por las mínimas horas de sueño necesarias para recargar esas pilas que nos parecen interminables.

Y entonces, casi sin darnos cuenta como hasta entonces casi todo nos ha llegado, llega la cuarta etapa. La edad madura y la vejez. 

Ya no fantaseamos con la realidad, hemos descubierto que las cosas terribles si suceden, que hay personas buenas y también perversas, bondadosas y malvadas y con la misma curiosidad infantil nos preguntamos: ¿Qué sigue después de todo esto?


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