Querer, saber y poder

  • Desde mi rincón
  • Luis Augusto Montfort García

Laguna /

En el anchuroso mundo del reino animal, al que por más que queramos desligarnos pertenecemos los humanos, todos sin excepción, en diferentes etapas a lo largo de nuestra vida queremos hacer o lograr muchas cosas. 

El bebé quiere seguir mamando; el niño quiere continuar el recreo; el joven quiere seguir la fiesta; el adulto quiere acumular más de algo y el anciano quiere más tiempo cuando ya se gastó el que tenía.

Querer, entendido como el acto volitivo de desear conseguir algo, es entonces un impulso común a todos los seres vivos. 

Sí, pero en la medida que crecemos, aprendemos que no basta con “quererlo”, sino que resulta imprescindible disponer de los conocimientos necesarios para lograrlo, es decir; “saber” cómo y qué hacer para conseguirlo.

Es en este punto, en donde se distingue al individuo capaz del inepto, al adiestrado del improvisado y al profesional del aficionado. 

“Saber”, es quizá el verbo aplicado que más ha contribuido al avance y predominio de la especie humana y querer y saber, son dos condiciones indispensables para que una idea pueda convertirse en un proyecto, sea éste personal, familiar, de grupo, empresarial o de gobierno.

Pero a veces, para “poder” llegar a la meta deseada esto no es suficiente, pueden existir limitantes físicas, económicas, sociales o de cualquier otro tipo y reconocerlas y diagnosticar su relevancia en el proyecto, es parte del “saber”, pues implica la capacidad de determinar la viabilidad y factibilidad del mismo. 

No hacerlo, negar la realidad, ignorar la información “dura” y objetiva, equivale al berrinche del bebé de querer seguir mamando, es decir; una forma de prolongación de la inmadurez, que nos hace primar el “porque yo quiero”, por encima del “saber cómo hacerlo” y del “si puede o no lograrse”.

Más allá de los libretos de películas y novelas melodramáticas, querer lograr algo con vehemencia y perseverancia pero sin saber cómo hacerlo, es muchas veces como el camino al panteón que a su vera está sembrado de “buenas intenciones”. 

Querer, saber y poder, son condiciones inseparables para sortear ese camino.

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