Tomar distancia

  • Desde mi rincón
  • Luis Augusto Montfort García

Laguna /
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¡Que te toque vivir tiempos interesantes!, dice una de las tres supuestas maldiciones chinas, cuyo origen no está del todo claro, pero que en su explicación, cuando uno la indaga, es fácil reconocer ese peculiar toque oriental con su típica contradicción aparente, al afirmar qué, si bien “los tiempos interesantes” son por lo regular tiempos de crisis, en ellos suelen surgir toda clase de oportunidades.

Visto así y aceptando la posibilidad implícita en dicha “maldición”, de que de la adversidad se pueda desprender algo positivo, van estas breves líneas en busca de encontrarle sentido a ese aparente contrasentido, sobre todo si aceptamos la idea de que el sólo hecho de vivir, inevitablemente lleva consigo la certeza de que a lo largo de la vida debemos enfrentar, sortear o superar muchas crisis de todo orden y tamaño. 

Crisis emocionales, financieras, de salud o incluso existenciales, derivadas de la forma en que nos adaptamos al mundo y “a los demás”.

Cuando esto sucede, cuando de pronto sentimos que la vida se nos complica por una decepción, una derrota o cualquier otra circunstancia que nos sorprende y nos hace sentir que todo esta fuera de su lugar, tal vez vale la pena entonces recurrir al recurso de “tomar distancia”.

Igual que, como se toma distancia para observar y percibir el todo y los detalles de una obra de arte, en la que si es tal, debe estar involucrada la capacidad técnica y la expresión estética del autor, tal vez así ante una situación crítica convenga tomar distancia, con lo que seguramente apreciaremos mejor el todo, sus detalles y la verdadera dimensión del problema, como paso indispensable para tomar la mejor decisión posible, al confeccionar esa personalísima obra de arte que es nuestra propia vida.

Tomar distancia es dejar de depender de nuestras inseguridades, apegos y temores, de nuestros deseos y necesidades. Es ver el mundo y la realidad como son y no como nosotros quisiéramos que fueran. 

Tomar distancia del mundo y de nosotros mismos, es darnos la oportunidad de, no obstante las crisis, reconstruirnos y ser la mejor versión de nosotros mismos.

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