Dos escenas: un destino (2)

Laguna /
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“Tu poder, Manolo, empezará a declinar cuando concluyas tu tercer informe de gobierno, tal como ocurrió con todos los gobernadores de Coahuila. Porque el desgaste del poder es inmisericorde: no perdona.

“Al día siguiente de tu tercer informe resurgirán como zombies decenas de actores políticos y empresariales de los 38 municipios del estado, desencantados por el recambio generacional fallido, el abandono de las formas políticas, los excesos de tus subordinados y el incumplimiento de acuerdos políticos.”

“Sería deseable que eligieras a tu sucesor a partir de esa realidad política que hoy no imaginas porque estás en la cima del poder. 

La decisión debería unificar tanto a los aspirantes con méritos sobrados para sustituirte como a los actores políticos y empresariales de las cinco regiones del estado. 

Así evitarías fracturas políticas o regionales que pondrían en riesgo el triunfo electoral de tu partido en 2029 y tu proyección nacional”.

La voz de Kenny Rogers vuelve a escucharse en el establo: “Hijo, me he ganado la vida / leyendo los rostros de la gente / sabiendo qué cartas tenían / por la forma en que sostenían la mirada…”.

Pensativo, Manolo le limpia las pezuñas a Nubecita para evitar infecciones. Ella le responde con un resoplido suave y afectuoso.

Segunda escena. Miguel Riquelme le plantea un dilema a un mercadólogo político que viste como mirrey: camisa de lino abierta hasta la mitad del pecho, jeans entubados, cinto llamativo y mocasines de marca, sin calcetines.

“Si quieres trabajar conmigo, resuélveme este dilema: Javier Lechuga, director de Tesorería Municipal, y Rogelio Barrios, director de Ingresos, están confrontados. 

Necesito la capacidad y la experiencia de ambos, y no quiero despedir a ninguno. ¿Qué me sugieres?”

El mercadólogo le responde de inmediato: “Póngalos a “farmear aura” en presencia de sus subordinados, en el auditorio del séptimo piso de la presidencia municipal. 

Los celulares se quedan fuera.

“Aunque cada uno saque sus pasos prohibidos, no habrá ganadores ni perdedores. Ambos mostrarán ante su personal un rostro más humano y menos apegado al poder de su cargo. 

Eso los relajará y les hará cambiar de actitud. Eso sí: usted grábelos por si alguno reincide. Entonces los hace virales”.

Riquelme solo sonríe.

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