Nietzsche escribió: «Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado». Parafraseo: la izquierda ha muerto y los izquierdistas la han matado.
La caída del Muro de Berlín, en 1989, dejó a la izquierda en un vacío existencial. La promesa de emancipación chocó con el rostro autoritario de los experimentos socialistas.
La hoz y el martillo se volvieron contra la esperanza que pretendían encarnar.
Djilas denunció una élite burocrática que monopolizaba poder y privilegios mientras proclamaba haber eliminado las clases sociales.
Havel describió la obediencia y la mentira oficial; Orwell, la vigilancia y la manipulación del lenguaje; Arendt, la combinación de ideología, terror y aislamiento. Koestler expuso las purgas; Camus rechazó el asesinato en nombre de una emancipación futura.
Estos regímenes se sostuvieron mediante el miedo y la destrucción del individuo. La obediencia desplaza así a la participación ciudadana.
El derrumbe de la utopía abrió un horizonte distópico: erosión democrática, deshumanización y predominio de las emociones sobre los hechos.
El control informativo dificulta contrastar la realidad; la desigualdad concentra el poder; la polarización asfixia.
Las redes sociales y la inteligencia artificial intervienen en nuestra manera de sentir y pensar, mientras avanzan el cinismo y la desesperanza.
¿Cómo pueden los morenistas autodefinirse como izquierdistas? El populismo que los arropa reproduce prácticas autoritarias asociadas tanto al socialismo real como al fascismo. Nicaragua, Cuba y Venezuela ilustran esa deriva. México camina en esa dirección.
Roger Bartra advierte que la izquierda mexicana está en proceso de extinción.
Describe al gobierno como conservador y de derecha: un nacionalismo que aparenta izquierdismo y oculta una condición reaccionaria, presente en el populismo de López Obrador y Claudia Sheinbaum.
¡La izquierda ha muerto! Los morenistas fingen ignorarlo para justificar su voracidad por el poder como fin en sí mismo.
La transformación es su excusa; la ruta la marcan Guadalupe Taddei, Rubén Rocha Moya, Ricardo Monreal, Adán Augusto López, Andy López Beltrán y el propio AMLO.