Hace un tiempo le pedí al matemático de casa una definición sencilla de número primo. Me envió: “Números primos. Son enteros positivos mayores a 1, únicamente divisibles entre sí mismos y entre la unidad”. La gran matemática y amante de la literatura Sarah Hart publica Once Upon a Prime. Abre con la relación de los números y las formas poéticas, y se ocupa especialmente de los números primos y de formas como la sestina (aunque suena a “6” es al cabo un festín de primos), y el haikú: tres versos “primos” de 5-7-5 y un total “primo” de 17 sílabas.
Como película ya vista. Cuando le pedí al matemático de casa me definiera los números primos fue porque había leído un libro de Daniel Tammet, igualmente sobre las relaciones de las matemáticas y la literatura, y en el que también se hablaba de la sestina y el haikú.
Ahora con Hart pero desde entonces con Tammet pensé en los números primos y algunas formas en la poesía de lengua española. Para empezar, la silva, idealmente hecha con versos de 11 y 7 sílabas. Y más la lira: 5 versos de 7-11-7-7-11 sílabas que sumadas dan primo: 37. Pero sobre todo me llegó a la cabeza algo peculiar.
Siguen tres seguidillas de tres distintos textos. 1. La cebolla es escarcha/ cerrada y pobre;/ escarcha de tus días/ y de mis noches. 2. Las morenas me agradan/ desde que supe/ que es morena la Virgen/ de Guadalupe. 3. De la Sierra Morena/ vienen bajando/ un par de ojitos negros/ de contrabando.
Parecería una redondez de primos: versos de 7-5-7-5 sílabas. El problema es que sumadas suman “no primo”: 24. Ahora, lo peculiar: en los tres casos no se trata de seguidillas así nada más sino de las que llaman seguidillas “compuestas”: la seguidilla con, digamos, su “haikú” añadido. 1. Hambre y cebolla,/ hielo negro y escarcha/ grande y redonda. 2. Vamos andando/ a la fábrica nueva/ de San Fernando. 3. Canta y no llores,/ pues cantando se alegran/ los corazones.
Y aquí ya priman primos: 7 versos de 7-5-7-5/5-7-5; sílabas que sumadas dan un “primísimo” 41.