Aparece en Italia (TLS, 2/12/21) un libro con los escritos para y sobre cine de Leonardo Sciascia. Abona a una vieja idea de mi generación que retomo o quizás invento: a tal obra podría llamársele Cinema Sciascia; en efecto Sciascia fue uno de esos autores cuyos textos nacieron como con película incluida. Generación, aclaro, que a mediados y algo más allá de los 1970 entró en contacto con Sciascia no sólo en libros; por aquel tiempo llegó a la Muestra de Cine Cadáveres ilustres de Francesco Rosi basada en El contexto de Sciascia. De ahí nos repetíamos un diálogo entre un inspector y un mecánico inocente condenado a cuatro años de cárcel tiempo atrás. Mecánico: “Era un engranaje y yo fui a parar en él. Pudo triturarme. Y en cambio salí con vida”.
Inspector: “Pero usted era inocente”. M: “Sí, era inocente. ¿Pero qué significa ser inocente cuando se cae en el engranaje? [...] Como cruzar una calle y acabar debajo de un coche. Inocente, y atropellado por un coche: ¿qué sentido tiene decir algo así?” I: “Pero no todos son inocentes. Me refiero a los que caen en el engranaje”. M: “A como va el engranaje todos podrían ser inocentes”. I: “[…] a como va la inocencia todos podríamos caer en el engranaje”.
Curiosa la mala suerte de Sciascia como argumentista. Hacia 1972 hizo un script para Sergio Leone sobre gánsters ítalo-americanos en Nueva York durante la prohibición. Diez años más tarde Leone filmó Érase una vez en América sin darle crédito a Sciascia. Para Lina Wertmüller Sciascia ideó un thriller sobre una joven estudiante siciliana y su novio quienes sin querer son testigos de una ejecución de la Mafia. No hubo película.
Para Carlo Lizzani hizo un script sobre —qué nombre— Serafina Battaglia: en 1962 fue la primera siciliana en romper el código de silencio de la Mafia y declaró ante los tribunales contra los asesinos de su hijo. No hubo película. Aún así la programo en el Cinema Sciascia como una película que nunca existió, que jamás se filmó. Pero que es buenísima.
Luis Miguel Aguilar