En el canto XXIII de la Ilíada luego de sus funerales se celebran unos juegos atléticos en honor del muerto Patroclo, dispuestos por su amigo Aquiles y quien igualmente es el proveedor de los premios. Traigo diversas traducciones respecto a cuál era el quinto premio en una de las competencias. En español, de Luis Segalá y Estalella (1908): “Un vaso con dos asas”. De Emilio Crespo Güemes (1991): “La urna de doble mango”. De Rubén Bonifaz Nuño (1996/2005): “Una copa de dos asas”. De Antonio López Eire (1997): “La copa de dos asas”. De F. Javier Pérez (2012): “Un vaso de doble asa”.
En inglés, de Samuel Butler (1898): “La copa de doble asa”. De Richard Lattimore (1951): “La copa con dos asas”. De Robert Graves (1959): “Una copa con dos asas”. Emily Wilson (2023): “Un tazón con dos asas”.
Todas ellas lo tienen pero en ninguna me satisface lo de “asas” a secas. Tampoco la excepción: la palabra “mango” en Crespo Güemes. Me parece inexacto todas las veces. Las asas podrían ser agudas en la parte de arriba. O rectangulares de arriba a abajo. O bien, onduladas: asas que van haciendo eses.
Obtuve la exactitud en otra versión al inglés de Robert Fagles (1990): “La copa de dos orejas”.
En una nota al pie de su edición bilingüe de la Ilíada escribe F. Javier Pérez que el pasaje de Homero con los juegos en honor a Patroclo indican una prueba perfectamente reglamentada “y al parecer bien conocida por el poeta, lo que sugiere para este pasaje una fecha de finales del siglo VIII o más bien principios del siglo VII a. C.” Estaremos hablando entonces de “la copa de dos orejas” como un trofeo con unos 28 siglos de antigüedad.
Y aún en uso. Es el trofeo que se ha utilizado desde hace años para lo que en un principio fue la Copa Europea de Campeones y ahora se conoce como la Champions League. Se le dice, con puntual pertinencia, la Orejona.
Muy pronto (30/5/26) se jugará la final de esa copa entre el París Saint-Germain y el Arsenal.
Vamos, Arsenal. Con todo. Por la homérica Orejona.