M+.- Tal vez el arte literario de la poesía y del ensayo es hacer nexos. Anne Carson es una maga al respecto. Voy a algo suyo (The London Review of Books, marzo, 2025) para cernir a qué me refiero.
“Este es un ensayo”, empieza, “sobre las manos y la escritura a mano”. Dice que quiere atajar toda apariencia de depresión citando un poema de Catulo que invoca a la primavera y a un nuevo camino. Nos dice luego que Catulo fue el poeta favorito del pintor Cy Twombly, quien ponía en sus lienzos mucha escritura a mano y esto le atrajo críticas. Roland Barthes escribió una defensa del pintor; trae esta frase que es como un estribillo en el texto de Carson: “Cómo trazar una línea que no sea insulsa”.
Y luego: “Cuando me diagnosticaron la enfermedad de párkinson me mortificó de manera especial que mi escritura a mano se desintegrara”. Era un placer escribir en cuadernos, a diario. Ahora los trazos verticales se tuercen; las vocales acaban en borrones.
Al hablar de su caligrafía parkinsoniana, Carson nos revela una frase de Confucio: “Cuídate del hombre cuya escritura a mano oscila como caña al viento”.
Carson hace nexos con el descubridor del Parkinson en 1817 y con John D. Pepper, “muerto el año pasado” (2024) , quien vivió hasta sus noventa dilatando la muerte por esa enfermedad mediante largas y concentradas caminatas.
Carson nos dice de pronto que toma clases de boxeo junto con otros parkinsonianos. Es fácil ponerse el primer guante; para el segundo necesita que alguien más la ayude: la “súplica”, la palabra en griego que Príamo utilizó para pedirle a Aquiles le diera el cadáver de su hijo Héctor. Al final Carson crea un diálogo que concluye: John D. Pepper: “Por qué no tomar el camino más corto a casa”. Catulo: “No había camino más corto a casa”.
Es un gusto usar la palabra nexos con Anne Carson. Viene del latín pero dentro de ella alberga “xenos”: extranjero en griego. Palabra demasiado buena como para andársela adjuntando así nomás a crimen, narco y huachicol.