En el cuento “Historia inmortal” (1953) de Isak Dinesen un millonario comerciante de té en Cantón (China, siglo XIX) conocido como Mr. Clay quiere que ocurra en verdad la historia de un marinero que baja a puerto y un hombre le ofrece una pieza de oro de cinco guineas para que pase toda una noche de amor con una hermosa mujer. Ocurre así porque su ayudante Elishama le dice a Mr. Clay que esa historia está muy sobada y nunca existió pero a los marineros les encanta repetirla por todo el mundo. Mr. Clay: “Si esta historia no ha ocurrido voy a hacer que ocurra ahora mismo. No me gustan los engaños”.
En el cuento “Un sueño realizado” (1941) de Juan Carlos Onetti una mujer contrata a un empresario teatral sin empleo y a unos actores a la baja para que actúen esto: “Hay algunas personas en una calle y las casas y dos automóviles que pasan. Allí estoy yo y un hombre y una mujer cualquiera que sale de un negocio de enfrente y le da un vaso de cerveza. No hay más personas, nosotros tres. El hombre cruza la calle hasta donde sale la mujer de su puerta con la jarra de cerveza y después vuelve a cruzar y se sienta junto a la misma mesa, cerca de mí, donde estaba al principio”.
En el cuento de Dinesen Mr. Clay muere al cumplirse su sueño de capricho poderoso y millonario. En el cuento de Onetti la mujer muere al cumplirse su sueño de capricho cotidiano y extrañamente poético.
En el relato “Silvia” (1853) de Gérard de Nerval el narrador empieza: “Salía yo de un teatro”. Una nota al pie indica: “El de la Opera-Comique, a cuya compañía perteneció Jenny Colon”, el amor imposible del poeta muerta en 1842. En “Silvia” se mezclan el teatro, la vida y los recuerdos. Aparecen tres mujeres amadas y perdidas en su juventud por el narrador, las tres asociadas con la actriz inicial. Una de ellas se parece a una actriz en activo pero nos enteramos de que murió hace tiempo. De Nerval se mató dos años después de escribir “Silvia”. No puede, por lo visto, sino morir quien realiza un sueño.