Acostumbrados a la medianía y estacionados en el conformismo

Laguna /

Vayamos hacia atrás. Ante América, el Santos fue mejor. Eso es inobjetable. 

Sí hubo segmentos del partido en donde las acciones se equilibraron, pero el factor diferencial, el punto de quiebre, fue la actitud y la intensidad. 

Y esos detalles los puso el Santos. Se sintió como en los viejos tiempos; cuando el Santos verdaderamente le hacía un homenaje a su mote de Guerreros. 

Y precisamente porque el Santos nunca bajó los brazos obtuvo su premio: ese gol al final del partido de Dájome que derivó en el empate definitivo. 

El Santos, con carencias de talento, supo subsanar ese factor con su intensidad, actitud y motivación por superar al América. 

El TSM, con mitad y mitad de afición de un equipo y otro, gozó de lo lindo.

Digamos que esa es, de momento, la “obra maestra” de Omar Tapia. No dudo que sea un buen entrenador, pero con las armas futbolísticas que tiene no puede hacer mucho. 

Puede inyectar ánimo, establecer una estrategia y algún sistema de juego, pero sus dirigidos no logran concretar lo que se plasma en la pizarra. 

Tienen buenas ideas, a veces buena actitud y por momentos intensidad, pero cuando no se tienen grandes capacidades no es posible materializar los planes, por mucho que esos planes o estrategias sean idóneos. 

El Santos es un sube y baja, porque en una jornada deja buen sabor de boca y en la siguiente se vuelve a sumergir en el pantano. Es decir: no es un equipo de fiar.

Pero todo deriva porque el Santos no tiene muchos alcances. Los jugadores del Santos, salvo Acevedo, no son de primer nivel. 

No son top de la liga. El Santos solamente aspira a mejorar por sobre sí mismo y dentro de sus posibilidades, que son cortas. 

Los jugadores del Santos pueden jugar bien a veces, pueden armar una que otra buena jugada, pueden tener lapsos de juego interesantes, pero carece de ese plus de talento que marca la diferencia y al final resulta determinante. 

Ningún defensor actual tiene el nivel que llegaron a tener de Araujo o Izquierdoz. Ningún medio campista tiene la calidad de Brunetta, Gorriarán o Cervantes. Ningún delantero tiene la calidad o el nivel que demostró Julio Furch.

La derrota ante Atlas deja muy tocada a la afición, porque una vez más, como ha pasado en un montón de ocasiones en los últimos años: el Santos vuelve a decepcionar cuando se esperaba, no mucho, pero sí algo digno. 

La afición, que es tan noble y a veces muy ingenua, se imagina que ya habrá una mayor y mejor inversión (todos sabemos por qué se imaginan eso). Esperemos que las cosas mejoren pronto.

  • Luis Miguel Rodríguez Cruz
  • luismrdzcruz@gmail.com
  • Columnista en La Afición desde Enero del 2009. Egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Información de Universidad La Salle Laguna, con Maestría en Educación por Universidad Interamericana para el Desarrollo.
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