Entre Bellingham, Kane y Pickford, se esfumó nuestro sueño. Una vez que el árbitro pitó el final, hubo un silencio estremecedor en todo México.
Nadie pudo articular alguna frase en ese instante. Puro silencio.
Fue como entrar en un estado de trance donde los mexicanos tuvimos un pensamiento fugaz: se acabó.
Por la mente de muchos (me incluyo) sobrevolaron como chispazos todas esas imágenes que el Mundial generó en nuestro país:
El Ángel de la Independencia, Reforma, el Zócalo, Los Fan Fest de Monterrey y Guadalajara, los bares, los restaurantes, el Pato Merlín, El Dr. Simi, la gente cargando a otros para hacerlos volar, los extranjeros enamorados de México, el Estadio Azteca lleno e imponente, los goles de Quiñones, el Himno Nacional, gente abrazándose, gente feliz, gente de verde, gente unida, México unido.
Todas esas imágenes nos invadieron como flashazos en cuanto nos dimos cuenta que habíamos sido eliminados.
Cometimos errores puntuales ante futbolistas de primer nivel. Los primeros dos goles de Inglaterra eran evitables.
Nadie estuvo para contener la carrera de Rice cuando habilitó a Saka y este envió el centro para que Bellingham, de cabeza, silenciara nuestro estadio.
A Morita se le cruzaron los cables y no se dio cuenta que Anderson y Gordon le venían por la espalda; ese error derivó en la conexión entre Kane y Bellingham para el segundo gol de los ingleses.
Ahí parecía que todo estaba perdido, pero Quiñones empató y nos dio esperanza. Misma esperanza que aumentó cuando se fue expulsado Quansah, al minuto 54.
Después vino el error más grave: el penal cometido que Kane convirtió en el tercero para ellos, al minuto 60.
Lo que vino después fue un torbellino verde que hizo parir a todos los ingleses.
Mención aparte para su arquero Pickford, que evitó por lo menos 3 goles nuestros.
El gol de Raúl nos volvió a meter en la pelea y México volvió a creer, pero al final nos quedamos sin ideas sobre el campo. Simplemente no pudimos y nuestros esfuerzos fueron en vano. Pero a pesar de la eliminación México ganó.
Porque el futbol nos volvió a unir, nos enseñó a ser nación y nos demostramos a nosotros mismos que, como mexicanos, todavía podemos unirnos por una causa en común.
Todo el país volvió a creer en algo y durante un mes nos olvidamos de los problemas y de nuestras diferencias.
Dentro de cuatro años estaremos de vuelta. Gracias Mundial, gracias futbol, gracias México. El mundo nos va a extrañar, pero nos vemos en el 2030 en España, Portugal y Marruecos.