Dos partidos para agigantar la esperanza

Laguna /
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El Santos, si todo sale según la estela y el aura que el equipo viene despidiendo, estará en la liguilla. 

Muchos años después, si todo sale bien, el Santos volverá a estar en la magna fiesta de nuestra liga. 

El presente es muy positivo, motivante y rebosante de alegría. Sí, el presente. 

Y eso nadie lo puede ni lo debe negar. Como nadie puede negar la historia gloriosa del club, ni la grandeza que tiene y ha construido con los años en su corta pero rica historia. 

Pero tampoco nadie puede ni debe negar el fracaso constante de los últimos años; esta racha bien positiva que el equipo está cimentando no va a borrar los fracasos de los últimos años.

Ya lo mencioné en artículos anteriores: la única manera de borrar (y hacer olvidar) tantas decepciones, es ganando la séptima. 

No en este torneo, o en el que sigue, no sabemos cuándo, pero solamente con la séptima estrella se podrían olvidar los años aciagos. Ojalá no tarde mucho en llegar. 

La vida es cambiante, las circunstancias son cambiantes, los escenarios son cambiantes y los actores (como seres humanos) también son cambiantes. 

Ante Necaxa el Santos quiso desdibujarse, pero bastó un tirón de orejas de la afición para que el equipo reaccionara durante la segunda mitad. 

Porque el primer tiempo fue como si el Santos no estuviera sobre el campo. 

Quizás esa sensación se debió a que en los últimos partidos en el Corona, el Santos había desplegado un futbol convincente y agradable para los ojos del aficionado.

Así que la afición los abucheó al finalizar la primera parte para que, en los segundos 45 minutos, la cara del equipo fuera otra. 

Y así, la afición agradeció el gesto y cargó a su equipo sobre sus hombros, para que juntos empujaran con todo hasta que el Santos recibió su recompensa: un gol ciertamente dramático que terminó en la red de manera plácida. 

Recompensa para un Santos que mereció la victoria y jolgorio para una afición que cada vez más está fusionada con su equipo, con sus jugadores, con su estadio, con su TSM, con su identidad y con su pertenencia. 

La afición actual genera una vibra bastante festiva, bastante emotiva, de mucho escándalo, y termina por contagiar a su equipo. 

Quizás no mete miedo a los rivales como aquella afición intimidante, abrumadora y fiera del viejo Corona, pero sí genera un entorno de festividad muy gratificante.

Quedan dos partidos de suma importancia: Atlante de visita (un equipo bastante desbaratado) y León, para cerrar en casa, con su gente, con su atmósfera. 

Si todo sale según lo presupuestado, la Laguna volverá a estar de fiesta como tanto añoramos.

  • Luis Miguel Rodríguez Cruz
  • luismrdzcruz@gmail.com
  • Columnista en La Afición desde Enero del 2009. Egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Información de Universidad La Salle Laguna, con Maestría en Educación por Universidad Interamericana para el Desarrollo.
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