El Mundial ya hizo explotar emociones

Laguna /
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Hace un mes, el Mundial motivaba poco. Hace un año, hablar del Mundial era tema un tanto aburrido. 

Pero hoy el Mundial ha renovado ilusiones y ha traído consigo una avalancha de sensaciones bastante bienvenidas. No vayamos lejos: México es el primer punto de ebullición de todo este meollo. 

La inauguración inolvidable en el Estadio Azteca rompió con todo lo imaginable y volvimos a sentir ese sentimiento tan inigualable que el futbol genera: la unión de los pueblos. 

Y vaya que nuestro país se unió. Las imágenes del Ángel de la Independencia y Reforma han dado la vuelta al mundo. 

Muchos todavía piensan que es algo exagerado. Coincido, porque el nivel de nuestra selección todavía deja mucho qué desear. 

Los rivales han sido bastante a modo (de lo cual México no tiene la culpa) y las dos victorias han colocado a México del otro lado.

Hay que entender algo: México necesitaba un motivo para unirse, para olvidarse de los problemas aunque fuera por un mes, para hacer de lado las guerra entre partidos políticos, las obras sin terminar, las injusticias, etc. 

Pues bien, el Mundial lo ha logrado. El futbol no tiene ni tendrá la culpa de lo mal que un país lo pueda estar pasando ni de los manejos mercantilistas de la FIFA. 

El futbol es una fuerza demasiado grande que viaja por el mundo para que los pueblos se unan y sean felices por algunas semanas. 

Eso no tiene precio. Me llena de orgullo que tantos extranjeros se llenen la boca de buenos cometarios sobre nuestro país. 

Uno de los que más circula y hace eco es que el Mundial debió haber sido totalmente en suelo mexicano, porque de los tres países organizadores el amor por el futbol en México es incuestionable.

Y si a eso le agregamos nuestra maravillosa y avasallante cultura, no hay mucho más qué discutir. 

Peor el Mundial está carburando ya, ya está metiendo una segunda velocidad a la marcha y las cosas se están ajustando y poniendo en su sitio. 

Ayer Messi volvió a demostrar que tiene su lugar bien ganado en esa mesa donde solamente se sientan él, Maradona y Pelé. 

Qué grande es Messi. No es necesario decir ni escribir nada más de él para describir su grandeza. 

El argentino, pase lo que pase al final del Mundial, ya no tiene qué demostrarle nada a nadie. Hay otros que de verdad están obligados, él ya no.

Nos queda bastante Mundial. Mañana México regresa al Estadio Azteca y es de esperarse otro festejo brutal. Claro…si es que la Selección gana o hasta empata. 

Pero por favor, hermanos mexicanos: pórtense bien. Recuerden que el mundo nos está observando.

  • Luis Miguel Rodríguez Cruz
  • luismrdzcruz@gmail.com
  • Columnista en La Afición desde Enero del 2009. Egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Información de Universidad La Salle Laguna, con Maestría en Educación por Universidad Interamericana para el Desarrollo.
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