Una vez más, todo parece indicar, el Santos está cimentando otro fracaso. Ya ni vale la pena contarlos: son demasiados.
Desde el último campeonato del 2018, el Santos ya nunca volvió a ser el mismo.
Aquel gran equipo, que estaba para ser bicampeón, ya solamente es un bello recuerdo.
Existe ya una generación de niños a la cual ya no le tocó ver al Santos campeón. Eso es imperdonable porque durante varios años varias generaciones de niños pudimos ver al Santos coronarse.
Los tiempos han cambiado y aquel pasado, que en aquel entonces era un presente prometedor, era una joya que había que cuidar… y no la cuidaron.
Lo de Pumas del pasado viernes enaltece más la gravedad de la situación porque un ex, Jordan Carrillo, castigó a su ex equipo que lo dejó ir, que nunca le dio el aprecio que merecía y que muy pocas veces confiaron en él. Merecido se lo tienen.
Luego vinieron las declaraciones de Francisco Rodríguez, que dijo lo que desde hace, por lo menos 4 años, venimos diciendo todos en la Laguna.
Todos los que queremos al Santos.
Hay aspectos que cuesta trabajo entender, aunque se supone que ya todos hemos asimilado el contexto que impera en el club dese hace algunos años: austeridad.
Y sí, suena a eslogan del Gobierno de México, pero quedamos mal acostumbrados: una costumbre mala, pero buena, donde antes había mucho y se ganaban título. Hoy hay poco (aunque haya quienes digan que sí hay) y se gana nada.
Francisco Rodríguez había dicho que este torneo sería el bueno.
Se equivocó. Es cuestión de tiempo para que termine yéndose. Lástima que solamente él sea el que se vaya a ir.
Por lo menos dejó el mensaje lapidario para sus dirigidos, quienes no tienen nivel para jugar en primera división.
Entones, dada esa tremenda reflexión, el Santos es un equipo con nivel de división de ascenso, porque casi todos sus jugadores tienen ese nivel y solamente se pueden rescatar 3 o 4.
Toca visitar a Tigres el viernes. El panorama es por demás desalentador.
Una vez más se ha vuelto a jugar con los sentimientos de la afición, casi exigiéndoles fidelidad y lealtad incondicional e innegociable desde antes del inicio del torneo.
Pero lo que más llama la atención es el tremendo silencio y cero señales de vida de la gente del club.