Distinguimos básicamente tres tipos de actividades humanas: las que realizamos por diversión, las que hacemos por necesidad y las que emprendemos para crecer y aprender. Durante la infancia estas actividades están unificadas en el juego. Con el paso del tiempo las actividades de aprendizaje y de trabajo se separan de la diversión. Los jóvenes se cansan de ir a la escuela y se niegan a hacer los trabajos de la casa, prefieren divertirse con sus amigos.
Durante la adolescencia el individuo trata de conservar el modelo infantil, en que todo tiene forma de juego. Incluso en la universidad no estudian a cierto autor o cierto tema, porque no les agrada.
Con el ingreso en el mercado del trabajo, el individuo se doblega a las necesidades sociales. Entonces se forman tres tipos humanos diversos entre sí:
El tipo humano lúdico que busca la diversión y considera el trabajo solo una necesidad, algo que hace para poder disfrutar después su tiempo libre. Las personas del tipo lúdico esperan con ansiedad la tarde o el fin de semana para divertirse. Sueñan con vacaciones y viajes… No soportan el tiempo vacio y siempre buscan algún pasatiempo.
El segundo tipo humano es el activo, proyectado hacia la tarea, absorto por el trabajo y la actividad. No tiene verdaderos esparcimientos o diversiones. Todo lo que hace, incluso en una fiesta o excursión, tiene un objetivo práctico. No tiene momentos de intimidad, no se queda solo consigo mismo. Su tiempo está completamente saturado y obliga a los demás a seguir su ritmo. (Políticos ansiosos, financieros incansables, directivos implacables o profesores universitarios tenaces, incluso las obsesivas amas de casa)
El tercer tipo humano da prioridad al aprendizaje, al conocimiento y al enriquecimiento personal. Podríamos llamarlo el explorador. A diferencia de los otros, lee, estudia y utiliza cualquier experiencia para aprender y reflexionar. Incluso frente a un fracaso, un dolor o una traición se pregunta ¿Qué puedo aprender de esto, como puedo utilizarlo para conocerme mejor a mí mismo y a los demás? Cuando hace un viaje, estudia la historia del país que visita y lo compara con el suyo. Estudia la arquitectura, observa a las personas.
Cada vez que conoce a una persona, escucha atentamente sus palabras, esperando que le puedan revelar algo nuevo.
Posiblemente en todos nosotros existan los tres tipos humanos: el juguetón, el trabajador y el que aprende, todo es cuestión de donde ponemos el énfasis en nuestro estilo de vida. Pero tal parece que deberíamos poner más esfuerzos en ser exploradores ávidos de aprender, ya que las exigencias de la vida nos han llevado al trabajo despiadado pero también a la diversión como fuga del estrés que las actividades nos generan.
Vale la pena reflexionar…
luisrey.delgado@grupolala.com