Alegría

  • Para Reflexionar
  • Luis Rey Delgado García

Laguna /

La alegría es el tono humoral que damos a nuestra existencia. 

Las personas con temperamento alegre atraen a más personas a su alrededor, generan en torno a ellos lazos de cordialidad. 

En cambio, la persona triste y mal humorada obstaculiza las relaciones sociales. Quien desee tener una buena convivencia con los demás deberá condimentarla con la alegría.

La alegría es un sentimiento, pero también se genera por pensamientos. Al pensar en motivos para estar alegres, la alegría se puede instalar como componente de nuestro ser y actuar. 

Estar alegres no es fruto solo de una emoción que nos inunda, es también consecuencia de una decisión intelectual. 

Los abuelos solían decir: “Piensa en bonito”. Hay motivos para estar alegres, lo que sucede es que esos motivos no los tomamos en cuenta o los eliminamos rápidamente de nuestra conciencia.

Todo puede ser asociado con la alegría. Será necesario descubrir habitualmente motivos de alegría. 

Los años (y también los niños) nos enseñan que la alegría no se encuentra tanto en grandes acontecimientos como en lo pequeño de cada día. 

Quien no sabe descubrir la belleza y la nobleza, en lo cotidiano, está condenado a que la rutina (y, por lo tanto, a que la tristeza) se enquiste en el ánimo. La alegría se contagia y se difunde. La persona alegre contagia ese ánimo a los que están a su alrededor.

“El amor es la principal causa de la alegría” y es que el amor no puede más que expandirse y desbordarse, y casi siempre es interpretado en clave de alegría.

No hay nada que nos lleve más directamente a la alegría, como el amor. “A mayor amor, mayor alegría”. 

El amor nos complace, nos renueva y despierta en los otros su lado bueno. 

Dos personas que se quieren son capaces de transformar y crear. Y si son más, el efecto multiplicador de la alegría es todavía mayor.

Por lo tanto, para que la alegría reine en la convivencia y en las relaciones humanas harán falta estos dos componentes: la inteligencia y el amor.

La inteligencia para saber descubrir en lo ordinario motivos de alegría verdadera, razones y motivos que son capaces de ensanchar el corazón humano, y henchido y saturado, poder compartirlo con los demás. 

Y el ingrediente del amor, la verdadera causa de la alegría, que sabe ver en los demás el lado bueno y noble que todos tenemos.

Todos podemos acceder a la alegría, contagiarla, para facilitar la convivencia y hacernos una vida llevadera y significativa.


luisrey1@prodigy.net.mx

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