Del diálogo se puede hablar mucho y desde varios campos. Incluso desde el ángulo espiritual, de la intimidad familiar, del diálogo en la amistad… Etc. pero sobre todo el diálogo es el camino donde la persona se conoce y se comunica, donde se encuentra consigo misma y con los demás.
Cuando intentamos comprender al mismo ser humano, lo comprendemos como “dialogante” con su entorno, con su mundo e incluso con su Dios; Además del diálogo con uno mismo, esa “plática interna” donde nos preguntamos y nos contestamos acerca de las circunstancias de nuestra vida.
El ser humano no es un ser solitario, todos necesitamos de un grupo de referencia para comunicarnos, el diálogo se construye en la familia, como el lugar del encuentro cotidiano; en familia avanzamos en nuestra tarea de transmitir valores y una visión coherente de la vida.
Pero el diálogo una cosa, al parecer, tan sencilla hay que aprender a hacerlo de forma correcta, el diálogo es el medio para establecer, mantener y profundizar nuestras relaciones interpersonales, por ello nos interesa trabajarlo.
El diálogo en sí mismo es un medio de comunicación, y su calidad está relacionada con la calidad de lo comunicado.
El diálogo, más que una forma de expresión verbal, o personal, es un modo de manifestar lo que uno es y siente; por lo tanto, más que una habilidad para conversar, es una actitud, un modo de ser que busca siempre el encuentro para enriquecerse con la aportación de los demás.
La “cháchara” superficial se ha practicado siempre: «patios de vecindad», «vamos a echar el chal»,
Pero el diálogo como una forma seria y profunda de comunicación no se ha practicado suficiente, habrá que buscar espacios adecuados, tiempos eficientes, lugares y formas de diálogo que sea más profundo, edificante y constructivo. Incluso encontrar el “momento solemne para el diálogo”, prepararnos para compartir con una “actitud dialogante” para comprender y expresarse, con apertura y calidad.
El diálogo verdaderamente constructivo se realiza en un ambiente de confianza, en un lugar apropiado, con la actitud correcta y con los temas que verdaderamente importan… Entonces el diálogo se convierte en camino de crecimiento.
La tarea es cultivar el diálogo como una característica de nuestro proceso de ser personas y de nuestro desarrollo humano.
Poder trabajar por eso que nos ocupa en la familia es verdaderamente una de las tareas más relevantes -ser una familia dialogante- no solo es un motivo de satisfacción, sino también de crecimiento y una forma de servicio a los demás o solo hay que “platicar” en familia, también hay que aprender a “dialogar”.
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