Autocuidado

  • Para Reflexionar
  • Luis Rey Delgado García

Laguna /

La máxima para la ética, en la sabiduría clásica, es “cuida de tí mismo”; en latín la “cura sui”, el autocuidado. 

Sabio es aquél que sabe cuidar de sí mismo. Sabiduría es la figura combinada que resulta del cumplimiento de dos exhortaciones también clásicas: el “conócete a tí mismo” inscripción en la entrada al oráculo de Delfos; y el “llega a ser quien eres” de Píndaro dirigidas a los atletas de Atenas.

Existen resonancias del tema clásico del autocuidado en la psicología, que ha perfilado los rasgos de la “personalidad saludable” y la madurez, la autorrealización o la actualización del potencial personal.

La ciencia y el sentido común ilustrado proponen una semblanza del bienestar y salud psicológica: la relación afectuosa con los demás, la seguridad emocional, una percepción conforme a la realidad, aptitudes ante las tareas, conocimiento de sí y visión unificadora de la vida, con percepción eficaz y cómoda de la realidad, espontaneidad y autonomía son metas deseables del autocuidado consistente en deseo de progreso, apertura a la experiencia, confianza en uno mismo, sentimiento de libertad y una auto construcción positiva de la propia vida.

Hoy se ha posicionado en el imaginario social la consigna práctica y moral del cuidado de uno mismo; invitación a cuidarse como consejo que trasciende el testimonio de afecto personal y que se configura como exhortación dictada desde la sabiduría, desde el conocimiento.

La capacidad de autocuidado es justo lo que caracteriza no solo a la sabiduría, sino también a la “salud mental” propia del adulto: a la integridad personal bajo condiciones ordinarias de la vida, con las dificultades normales del vivir, y con la capacidad generosa de “darse a los demás” ante la tragedia o la adversidad extrema. 

En la infancia la capacidad de autocuidado aún no se adquiere, y en el caso de minusvalías, donde esa capacidad puede hallarse limitada por circunstancias físicas o mentales

La frese y mandato evangélico de “Ama a tu prójimo como a ti mismo” contiene una gran verdad psicológica, pues no puedes amar a tu prójimo si no te amas a ti mismo. 

Por ello, junto con el autocuidado personal va la mirada y la consideración por los demás, no se completa nuestra vida si no cuidamos a otro o a otros. 

Cuidar de alguien siempre le dará sentido a nuestro ser y quehacer.

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