Desarrollo humano y espiritual

  • Para Reflexionar
  • Luis Rey Delgado García

Laguna /

La verdadera educación consiste en entusiasmar por los valores. 

Los edificios que no se caen son los que tienen bases firmes, los árboles que aguantan vientos fuertes tienen raíces profundas. 

Quien ha logrado ser una persona íntegra, un ser humano con dignidad y criterio, es una persona que crece y se desarrolla en plenitud y equilibrio en la vida.

Educar es entusiasmar a nuestros jóvenes con modelos sanos, atractivos y coherentes. 

Los jóvenes son sensibles a ejemplos de vidas llenas de sentido, atractivas, que empujan en la dirección de lo correcto, de lo humano, de lo solidario y compasivo. 

Siempre ha sido así, pero hoy más que nunca, educar es atraer con ejemplaridad.

La primera fuente educativa, donde todo arranca, es la familia, en donde uno se sabe querido por lo que es y no por lo que tiene. 

Una familia sana es la primera escuela donde uno recibe lecciones que no se olvidan. 

En casa la educación se prolonga a lo largo del día y de todos los días, desde las normas básicas de urbanidad hasta la capacidad de compartir, aprender a escuchar y respetar, ser honestos y disciplinados. 

La figura de los padres es trascendental para generar las actitudes ante la vida. 

Adquirir una buena formación en general es distinguir lo que es bueno de lo que es malo; tener criterio y discernimiento para penetrar en la realidad distinguiendo lo que es mejor y más positivo.

La formación es humana y es espiritual. 

La primera, aspira a que lleguemos a tener un comportamiento propio de seres humanos en tres aspectos: la inteligencia, las emociones y la voluntad que son los principios de donde arranca la condición humana.

Desde pequeños hay que enseñar a pensar, a tener espíritu crítico y a formular argumentos que defienden ideas y creencias. 

Hay muchos tipos de inteligencias: inteligencia teórica, práctica, social, analítica, sintética, discursiva, creativa, inteligencia emocional, instrumental, matemática…e inteligencia para la vida que es administrar la propia trayectoria. Todas tiene un lugar común: captar la realidad desde diversos ángulos. 

No hay que olvidar que la inteligencia se nutre de la lectura. Fomentar este hábito es esencial, aunque hoy es más difícil.

La formación espiritual es la inconformidad de no querer vivir sin trascender. 

En este postmodernismo de hoy lo políticamente correcto es no creer en casi nada, todo ligero, liviano, sin compromiso con nada… Sin embargo, una vida sin valores ni convicciones, suspendida en el relativismo y la permisividad nos ahoga. 

La espiritualidad bien entendida nos hace crecer en humanidad y nos lleva a ver al otro en toda su dignidad. Expulsar a Dios de la vida personal, porque está de moda, no hace más libre ni a las personas ni a la sociedad. 

Hoy nos urge silencio, oración, vida interior y sobre todo encontrarle un sentido trascendente a la vida.


luisrey1@prodigy.net.mx

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