Aunque no bien utilizado, el vocablo "consenso" apunta a la búsqueda de concordancia y toma de decisiones entre personas; quizá sea mejor "acuerdo consensual”.
Concordancia es buscar el punto de encuentro común (el mutuo acuerdo); estar más cerca, "sentir-junto-a"; es coincidir en que determinados hechos generan similares respuestas emocionales; todo lo cual anula el tomar decisiones por mayoría y mucho menos por imposición.
Las decisiones por consenso son la base de un estilo participativo que acorta la distancia funcional de las jerarquías, instalando en su lugar un modo más "horizontal" de comunicación y búsqueda de soluciones.
Más allá de la terminología jurídica y canónica, es en el liderazgo participativo donde aparece y toma fuerte presencia la necesaria e imprescindible búsqueda y construcción del acuerdo común.
Desde la comprensión de cómo funcionan los grupos, de su dinámica y sinergia es posible utilizar la fuerza y capacidad del grupo a través del consenso.
El grupo reúne más información y capacidad de procesamiento que un individuo.
El grupo resuelve con mayor satisfacción; las decisiones que surgen por consenso no sólo son más acertadas, sino que hay mayor predisposición para adoptarlas.
Decidir por consenso facilita que todos los interesados sean escuchados y que el grupo analice los disensos en lugar de ignorarlos.
Tomar decisiones por consenso permite que: Uno solo no imponga sus opiniones. - No cambie de opinión para huir de posibles confrontaciones. - Utilizar recursos para minimizar conflictos, tales como el voto por mayoría. - Que no sea fácil manipular al grupo, induciéndolo a una determinada decisión. - Se encaren las diferencias de opinión como parte natural del proceso y no como un obstáculo. - Se respeten todas las opiniones.
El consenso es el método más adecuado para la toma de decisiones que requieren luego de la adhesión general. Nos queda claro que el desarrollo humano se propicia y facilita más en los acuerdos consensuales, que en otros métodos, que aunque más eficaces a corto plazo, no alcanzan resultados profundos a largo plazo.
No obstante que sea más tardado hay que privilegiar el acuerdo consensual que las decisiones por omisión, el sólo uso de la autoridad o las decisiones por mayoría.
Ciertamente el líder de un grupo, para lograr consensos, necesita de un alto grado de madurez y confianza en el talento y habilidad de los miembros de un grupo o equipo de trabajo y transformarse de “jefe” a “facilitador”, que implica un verdadero cambio de actitudes, filosofía y valores personales.
Por su parte los miembros y colaboradores requieren de mayor madurez, participación y riesgo.
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