El “yo vacío” síndrome de nuestra época

  • Para Reflexionar
  • Luis Rey Delgado García

Laguna /

Las personas no estamos alcanzando la madurez porque somos víctimas de lo que se llama "El síndrome del yo vacío". 

Que nos deja sin las herramientas necesarias para nuestro desarrollo humano.

Lamentablemente, nuestra cultura enseña un conjunto completamente diferente de actitudes. Enfatiza un estilo de vida egocéntrico y orientado hacia el consumo, que trabaja directamente en contra de poseer una mente madura. 

También pone un énfasis, en ocasiones enfermizo, en vivir el momento, en lugar de comprometerse con proyectos de largo plazo, de disciplina y aprendizaje personal.

El yo vacío se resume mejor como una falta de crecimiento, intelectual y espiritual, como una adolescencia perpetua, pérdida del sentido y significado de la existencia, extravío de la construcción positiva de la vida. Falta de visión, misión, vocación…

El yo vacío es un individualismo desmedido. Quienes lo sufren raramente se definen como parte de una comunidad, no ven sus vidas en el contexto de grupo. 

Fuerte individualismo donde la persona no siente un vínculo o un compromiso fuerte, ni siquiera con los familiares. 

Raramente busca el yo vacío el bien de una comunidad más amplia, en el momento de decidir un curso de acción.

Estirar un estudio de cuatro años en la universidad a cinco o más años y demorar el matrimonio hasta los treinta años o más, pueden ser señales de que no son muy valorados el trabajo duro y el compromiso. 

Algunos van aún más lejos, buscando una demanda infantil de placer. El resultado es que el aburrimiento se convierte en el mayor de los males. 

Literalmente nos estamos entreteniendo con demasiada comida, demasiado poco ejercicio y poco por lo cual vivir más allá de nuestro placer personal.

El yo vacío es también altamente narcisista. Como resultado, el logro personal se convierte en el objetivo último de la vida. 

Condición que deja a las personas con una incapacidad para asumir compromisos duraderos y lleva a la superficialidad y al distanciamiento. 

La persona que sólo mira la televisión, y muchas horas, es la imagen del yo vacío. En lugar de equiparse con herramientas, muchas personas escogen vivir a través de las vidas y las acciones de otros. 

El sacerdote estudia la Biblia por nosotros, los noticieros realizan el pensamiento político por nosotros y dejamos que nuestro equipo deportivo favorito corra, luche y gane por nosotros.

Hay que establecer metas y objetivos a largo plazo e involucrarse en grupos de pertenencia y participación social, porque salir del “yo vacío” es quizá mucho más arduo y difícil que el evitar caer en él, Habrá que estar atentos.


luisrey1@prodigy.net.mx

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