Sensación “exteriorizada” de optimismo y bienestar, producida por alguna satisfacción material o espiritual, aunque también y por la administración de medicamentos o drogas, que alteran la química del organismo, es también estado de ánimo propenso al optimismo que se observa en algunas intoxicaciones y enfermedades del sistema nervioso.
Experimentamos euforia ante una alegría inmensa, una noticia, el resultado de una actividad o una meta alcanzada. Un examen aprobado, un aumento de sueldo, una victoria del equipo de fútbol... etc.
La euforia es una emoción que se vive intensamente, se contagia, se siente y en su intensidad precisamente, está su belleza y también su peligro.
La exacerbación del estado de ánimo que proveniente de una alegría, también puede ser resultado de la toma de fármacos.
Si alguien toma drogas y por eso experimenta ese “subidón de energía positiva”, lo que conseguirá más adelante, además del daño físico, será ansiedad o paranoia, “un bajón depresivo” o alteraciones del sistema nervioso.
Reconocemos la euforia por su expresión, es una alegría sin mesurada, con gritos, risas o incluso aplausos. Es normal que la gente que sienta euforia corra de un lado a otro dotada de una energía extra y de emociones agradables.
La auténtica alegría y felicidad bien del interior que nos empuja a sacar fuerzas y nos hace superarnos y sentirnos bien. Pero no siempre la euforia es positiva, de hecho, conlleva grandes peligros.
La euforia nos impide pensar con claridad y trabajar eficientemente. La euforia produce un desgaste emocional, acompañada de subidas y bajadas, pasando de alegría a llanto y viceversa con peso emocional.
La felicidad se parece más a la serenidad que a la euforia.
Es importante cultivar emociones positivas de forma consciente y sistemática en la educación de los pequeños para que crezcan seres humanos plenos y emocionalmente fuertes.
Necesitamos un “trozo” de alegría diario para afrontar el sufrimiento que llega en algún momento. Las emociones se educan. La manera en que las gestionamos las emociones se aprende de nuestro círculo de vida. En la sociedad actual se tiende a confundir la felicidad con euforia.
La Felicidad nunca es explosiva ni momentánea. Para nuestro desarrollo humano la fortaleza emocional es básica para no dar tumbos entre la euforia y la depresión.