La dimensión espiritual del desarrollo humano

  • Para Reflexionar
  • Luis Rey Delgado García

Laguna /

La abundancia de cursos, programas de televisión; seminarios; sitios de Internet; gurúes, libros; revistas; videos y hasta ofertas turísticas nos demuestra que -en cierta forma- la espiritualidad se ha puesto "de moda".

Sea para recuperar el equilibrio en sus vidas, encontrar un propósito, cultivar el interior, ver sus problemas con otra perspectiva... o la razón que fuere, cada vez más personas se interesan en la práctica de ejercicios espirituales. 

Así, gran cantidad de personas recurre a prácticas meditativas, experiencias trascendentales, ayunos, rituales de purificación y terapias diversas, como medio para alcanzar "nuevos estados de conciencia" o "niveles de energía" superiores.

Sin duda, cultivar la dimensión espiritual es fundamental para mantener nuestro equilibrio y lograr una mejor calidad de vida. 

Sin embargo, deberíamos reflexionar profundamente sobre el sentido que damos a nuestro desarrollo espiritual y no realizarlo sólo por seguir una moda. 

Para lograr un verdadero crecimiento y una renovación duradera, debemos ir más allá de lo superficial de una práctica espiritual.

La mayoría de las religiones y tradiciones espirituales reconocen que nuestro cuerpo, mente y espíritu poseen una inmensa energía. 

Y en el cuidado de nuestra dimensión espiritual, necesitamos una práctica que libere la energía, pero luego le de una dirección que la canalice.

No es aconsejable que simplemente tomar una tradición espiritual y convertirla en una técnica superficial. 

Para alimentar nuestra espiritualidad necesitamos integrarla a nuestro modo de vida. 

Que la práctica que elegimos podamos compartir plenamente sus valores, encontrar los fundamentos de sus técnicas, comprender el contexto cultural y social de donde proviene y respetar sus principios filosóficos profundos y es fundamental el compromiso y la responsabilidad de quien nos enseñe y oriente en nuestro desarrollo espiritual. 

Ser cuidadosos a la hora de elegir una persona -o una institución- para aprender a cultivar nuestra espiritualidad. Contar con el debido apoyo, preparación, conocimiento y disciplina.

Lo importante no es la práctica espiritual en sí, sino el uso y la aplicación de la energía que encontramos luego de esa experiencia. 

Para que esta energía realmente contribuya con el cuidado de nuestra dimensión espiritual, nuestro equilibrio y nuestra renovación, debemos ser muy conscientes de nuestra elección. 

No nos dejemos llevar por las modas y busquemos prácticas serias que nos ayuden a contener nuestra energía espiritual.

En el caso de la tradición cristiana católica el director espiritual, generalmente un sacerdote o religioso sabio y/o santo es un buen guía o coach del itinerario espiritual personal, es decir, alguien preparado y experimentado que pueda acompañarnos.

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