La abundancia de cursos, programas de televisión; seminarios; sitios de Internet; gurúes, libros; revistas; videos y hasta ofertas turísticas nos demuestra que -en cierta forma- la espiritualidad se ha puesto "de moda".
Sea para recuperar el equilibrio en sus vidas, encontrar un propósito, cultivar el interior, ver sus problemas con otra perspectiva... o la razón que fuere, cada vez más personas se interesan en la práctica de ejercicios espirituales.
Así, gran cantidad de personas recurre a prácticas meditativas, experiencias trascendentales, ayunos, rituales de purificación y terapias diversas, como medio para alcanzar "nuevos estados de conciencia" o "niveles de energía" superiores.
Sin duda, cultivar la dimensión espiritual es fundamental para mantener nuestro equilibrio y lograr una mejor calidad de vida.
Sin embargo, deberíamos reflexionar profundamente sobre el sentido que damos a nuestro desarrollo espiritual y no realizarlo sólo por seguir una moda.
Para lograr un verdadero crecimiento y una renovación duradera, debemos ir más allá de lo superficial de una práctica espiritual.
La mayoría de las religiones y tradiciones espirituales reconocen que nuestro cuerpo, mente y espíritu poseen una inmensa energía.
Y en el cuidado de nuestra dimensión espiritual, necesitamos una práctica que libere la energía, pero luego le de una dirección que la canalice.
No es aconsejable que simplemente tomar una tradición espiritual y convertirla en una técnica superficial.
Para alimentar nuestra espiritualidad necesitamos integrarla a nuestro modo de vida.
Que la práctica que elegimos podamos compartir plenamente sus valores, encontrar los fundamentos de sus técnicas, comprender el contexto cultural y social de donde proviene y respetar sus principios filosóficos profundos y es fundamental el compromiso y la responsabilidad de quien nos enseñe y oriente en nuestro desarrollo espiritual.
Ser cuidadosos a la hora de elegir una persona -o una institución- para aprender a cultivar nuestra espiritualidad. Contar con el debido apoyo, preparación, conocimiento y disciplina.
Lo importante no es la práctica espiritual en sí, sino el uso y la aplicación de la energía que encontramos luego de esa experiencia.
Para que esta energía realmente contribuya con el cuidado de nuestra dimensión espiritual, nuestro equilibrio y nuestra renovación, debemos ser muy conscientes de nuestra elección.
No nos dejemos llevar por las modas y busquemos prácticas serias que nos ayuden a contener nuestra energía espiritual.
En el caso de la tradición cristiana católica el director espiritual, generalmente un sacerdote o religioso sabio y/o santo es un buen guía o coach del itinerario espiritual personal, es decir, alguien preparado y experimentado que pueda acompañarnos.