La muerte y el morir

  • Para Reflexionar
  • Luis Rey Delgado García

Laguna /
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La Iglesia católica celebra el día de Todos los Santos desde hace más de mil años… y sí, coincide con las fiestas de las cosechas y con el Samhain, gaélico, Samhain significa "fin del verano" de los pueblos celtas. 

Aquella celebración marcaba el final de las cosechas y el comienzo de la llamada estación oscura. 

Era también un tiempo en el que se creía que la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se volvía más tenue. 

Estos días recordamos a los que ya se han ido y los acercamos nuevamente a nuestras vidas.

La muerte como tal es un hecho ineludible e intrínsecamente ligado a la vida de todos y de cada uno, incluso es una certeza, es decir, de lo único de lo cual estamos ciertos es que algún día moriremos.

La muerte y el morir son la última etapa del desarrollo humano, donde nos ponemos frente al máximo enigma de la vida humana que es la muerte y esto porque nadie nos ha venido a decir que hay más allá de ella, salvo algunos que nos hablan más del proceso, el túnel, la luz blanca, etc, pero sigue siendo el enigma más grande.

A medida que vivimos vamos experimentando pérdidas que de alguna manera nos sirven de entrenamiento vivencial para enfrentarnos a la gran pérdida de la vida terrenal que es la muerte. 

Las pérdidas pueden darse en el propio cuerpo, en los seres que nos rodean, en las cosas que tenemos, en los lugares en que vivimos. 

Estas experiencias nos brindan un sentido de finitud, lo cual nos ayudaría a verlas con un enfoque adecuado para gozar de ellas antes de perderlas e incorporar este gozo a nuestra existencia personal. 

La muerte debería de otorgar a nuestra existencia un valor nuevo aquí y ahora, a lo que somos y vivimos, es decir, vivir con mayor intensidad.

Sin embargo, toda interpretación de la muerte supone y conlleva una interpretación de la vida. 

Finalmente, los seres humanos tenemos una profunda necesidad de respuestas a planteamientos perennes: “¿De dónde vengo cuando nazco y a donde iré cuando muera?” “¿Qué significado tienen mi vida y mi muerte?”

Una adecuada y no alienante orientación religiosa hacia el morir involucra, entre otras cosas, una comprensión y aceptación profundas de la causa y continuidad de la vida, como también un reconocimiento del valor de los ritos del pasaje de la vida a la muerte. 

Y sin embargo seguimos teniendo claro que, como el aire que respiramos, la muerte es inseparable de la vida.

La persona humana al morir no se diluye en la nada y no tan solo sobrevivimos en la memoria de los demás, sino que nos lanzamos a la vida en su plenitud. 

Sobre todo, nos queda la fe, la fe de que la vida no termina, que la muerte y el morir son la última etapa del desarrollo humano y el paso o pascua a la plenitud de la vida.

“Cuando éramos niños los viejos tenían como treinta; un charco era un océano la muerte lisa y llana no existía. 

Luego cuando muchachos los viejos eran gente de cuarenta; un estanque era un océano la muerte solamente una palabra. 

Ya cuando nos casamos los ancianos estaban en cincuenta; un lago era un océano la muerte era la muerte de los otros. 

Ahora veteranos ya le dimos alcance a la verdad; el océano es por fin el océano y la muerte empieza a ser la nuestra.” (Mario Benedetti).

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