No es necesario decir que la palabra longanimidad, de olvidada y relegada en nuestro vocabulario, para muchos resulta nueva, muchos nunca la han escuchado.
Es una palabra antigua, desde los tiempos bíblicos. Más conocida es la magnanimidad, la grandeza de ánimo, o alma grande.
“Longanimidad” significa generosidad y amplitud de ideas y de conducta.
La longanimidad (del latín longus, largo y animus, alma) es estrecha relación entre perseverancia y constancia de ánimo frente a los obstáculos y adversidades.
También se refiere a la benignidad, clemencia y generosidad. Impide el aburrimiento y la pena que provienen del deseo del bien que se espera, o del mal que se sufre.
Requiere paciencia extraordinaria bajo provocación o prueba, dominio de sí, tolerancia movida por amor y deseo de paz.
Al enfrentar adversidades hace falta presencia de ánimo, fortaleza, esa capacidad del ser humano para remontar infortunios, sin rendirse en el intento, porque es inevitable que haya problemas en la vida, por ello habrá que mantener el buen ánimo en los malos momentos.
Longanimidad es “larga tardanza para enojarse; paciencia, resistencia, comprensión”, pues la longanimidad es la virtud que anima a quienes son además benévolos y pacientes con las dificultades ajenas, a pesar de lo molestos y quejosos que pueden llegar a ser, ayudando y hasta convirtiéndose en ejemplo motivador.
Nace del amor, que sin duda es el motor que empuja, estimula el perdón frente a situaciones complejas y resiste ante los obstáculos, -aunque parezcan insalvables-, impidiendo que nos rindamos, evitando sentirnos desesperados.
Por contraste, al parecer en estos tiempos prevalecen la intolerancia, la impaciencia, el rencor y la ira, todas emociones que “nos ganan” sin darnos cuenta, y que perturban nuestro equilibrio personal y causan ruptura de relaciones y violencia social.
Por ello habrá que poner atención, tratar de entender cuan necesario es trabajar con nosotros mismos, con nuestro carácter, temperamento y forma de actuar. Regular, calibrar y canalizar nuestro comportamiento.
Respiremos hondo, pensemos antes de actuar o decir algo de lo que luego debamos arrepentirnos, el primer paso hacia la longanimidad es conseguir moderarnos, enfrentando la adversidad con decisión, para hacer de ésta una sociedad mejor.