No todo lo que recibimos a cambio de nada es un regalo. Cuando alguien nos obsequia con algo que viene disfrazado de regalo, quizá nos quiera manipular o vender algo.
Un verdadero regalo siempre viene con su donante. La magia de un regalo es que nuestro agradecimiento está ligado a una persona.
La gratitud es nuestro modo de dar la bienvenida a quien nos ofrece un regalo y dar las gracias es nuestro modo de entregar parte de nosotros mismos a la persona que nos ha regalado algo.
Un regalo que no esté unido a su donante es falso. No es un regalo y no nos mueve a la gratitud. Un regalo impersonal puede ser sólo un señuelo.
Sabemos qué está tramando un vendedor cuando para Navidad nos envía un frasco de perfume. Sabemos qué están urdiendo los vendedores de “tiempos compartidos” en los hoteles cuando ofrecen desayunos gratis o vacaciones en Mazatlán.
Pero nunca sentimos la alegría de la gratitud cuando recibimos esta clase de obsequios.
Un verdadero regalo cuesta algo a quien lo da pero nada a quien lo recibe. Es claro que, si un regalo nos convierte en deudores, no hemos recibido un verdadero regalo, hemos recibido un préstamo.
Los verdaderos regalos no nos imponen una obligación.
De lo contrario ¿dónde está la gracia? ¿O la alegría?... Muchas veces, estos “supuestos regalos” que generan compromisos, son el camino “suave” de la corrupción.
Con un verdadero regalo el donante se arriesga. Cuando alguien da algo pierde el control sobre lo que da.
La persona a quien le hacemos un regalo puede echar nuestro obsequio a la alcantarilla. O puede regalárselo a su secretaria para Navidad.
Y hasta puede venderlo. Un verdadero regalo deja expuesto al donante. Le hace perder el control sobre el obsequio mismo.
La clase de regalos por el que uno se siente agradecido es el obsequio que implica un riesgo para quien lo regala.
Los regalos nos toman por sorpresa.
Cuando pido un regalo en específico ya no hay sorpresa, ni siquiera un verdadero regalo garantiza el sentimiento de gratitud de quien lo recibe. El donante no tiene un poder mágico, no puede “sentirse mal” porque su regalo no gustó.
Y el receptor no puede simular la gratitud como puede simular una sonrisa. Controlamos solo de un modo limitado nuestro sentimiento de gratitud... Todo lo que podemos hacer es dejar las ventanas abiertas para permitirle entrar cuando se acerque...Ahí donde no hay expectativas esta la sorpresa.
El encanto que tiene un regalo, que viene con su donante incluido, es que nuestro agradecimiento también está ligado estrechamente a una persona.
Recibir muchos o pocos, grandes o pequeños regalos esta navidad, no es lo importante, sino la persona que nos lo da y el verdadero sentimiento de gratitud.
luisrey1@prodigy.net.mx