Los hábitos nerviosos como parpadear constantemente, mover el cuello de forma brusca, morderse las uñas, tocarse el pelo e incluso tartamudear etc. son hábitos nerviosos.
En la mayoría de los casos los hábitos son al principio conductas, espontáneas, responden a una necesidad o simplemente son comportamientos de apoyo ante cualquier situación.
A menudo, morderse las uñas comienza a causa de irregularidades en la cutícula de la uña; un movimiento convulsivo de un hombro, de la cabeza o el brazo puede empezar tras una lesión física, y continuar incluso después de que la lesión esté completamente curada.
El tic suele empezar con una frecuencia baja para ir aumentando poco a poco, entrelazándose con el resto de las conductas normales.
Debido a lo gradual, la persona se va acostumbrando fácilmente a las consecuencias negativas, resultando extremadamente difícil valorarlas
Las personas con hábitos nerviosos, ya instalados se sienten en ocasiones muy incómodas.
Pueden tener la sensación de que es un problema que les hace diferentes.
La consecuencia puede ser una actitud reservada, distante, que dificulte la posibilidad de pedir una ayuda para poder eliminar el tic.
He aquí algunos datos: cuarenta millones de personas en el mundo se comen las uñas, cuatro millones tartamudean, ocho millones se tiran del cabello, uno de cada cien realiza movimientos musculares compulsivos y persistentes... No hay una cifra exacta, pero se calcula que entre el 15% y el 25% de la población mundial experimenta tics nerviosos en algún momento de su vida.
Son especialmente comunes en la infancia (afectando hasta al 20-23% de los niños en edad escolar) y suelen ser temporales
Padecer un tic nervioso no es indicativo de padecer algún trastorno de personalidad ni nada por el estilo.
Las razones por las que aparece un hábito son normales: imitar a otros, un problema médico corregido, práctica excesiva de un movimiento normal, falta de conciencia y el hecho de que los demás se abstengan a señalar lo evidente del hábito.
En todo caso la ansiedad elevada y el cansancio físico pueden influir aumentando el número de repeticiones.
A pesar de que muchos tics son fácilmente observables desde fuera, para la persona que lo tiene no siempre es así.
La automatización hace que no haya conciencia de estar realizándolo, impidiendo darse cuenta de la frecuencia y de lo evidente que resulta para los demás.
Por otra parte, una vez se instaura el hábito es común que las personas de alrededor finjan no darse cuenta.
Un buen consejo para comenzar a superar un tic es observar cómo es (ayudándose de un espejo para conocerlo mejor) y en qué momentos aumenta su frecuencia, de esta manera se toma conciencia y será mucho más fácil enfrentarlo.
Si usted o alguien que conoce, tiene algún hábito nervioso no lo esconda, hay que darse cuenta de él, obtendrá buenos resultados.